Carta de Tencha Bussi de Allende a Tati Allende Bussi

Carta de la señora Tencha Bussi de Allende dirigida a su hija Beatriz Allende Bussi, escrita el 12 de septiembre de 1973, y donada al Museo de la Memoria. Entregada a su Director, Francisco Estévez, por Marcia Tambutti Allende, Presidenta del Directorio de la Fundación Salvador Allende, a 46 años del fatídico golpe cívico-militar del 11 de septiembre de 1973.
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1893

Santiago, 12 de septiembre de 1973.

 

Querida Tati:

Sólo tengo minutos para escribirte estas líneas y no sé cómo comenzar. Hoy ha sido un día más horrible que ayer. Tenía la esperanza que Salvador y sus más íntimos colaboradores hubieran podido salir de La Moneda para organizar la resistencia en alguna parte de Chile. Me acosté sin saber que ya se había suicidado, pero siempre pensando en quienes estaban con él, si estaría herido, si se había salvado. Yo salí en la peor balacera de Tomás Moro, era el caos, nadie obedecía, los helicópteros y aviones sobrevolaban bajo al comienzo sin disparar, pero hubo precipitación e indisciplina de la escolta y repelieron lo que consideraban un ataque. Echados en el suelo con el leal Bello, mi chofer, el detective Fuentes y un médico rubio y alto que no sé quién era. Me obligaron casi a salir de Tomás Moro, porque era un disparate quedarse cuando lo bombardeaban de esa forma. En el trayecto decidí ir a casa de Felipe Herrera donde fui acogida con todo cariño al igual que mis tres acompañantes, sentados en la misma mesa y con camas para todos.


Y hoy, la salida con los dos Grove hasta el Grupo 7, donde me esperaba nuestro fiel amigo R. Sánchez y Laurita. Un avión de guerra, asientos laterales y al medio el féretro de Salvador, envuelto en un frazada. Nos llevaron a Quintero, ahí en varios automóviles hasta Viña del Mar al Cementerio Santa Inés, y quedó al lado de su hermana.

Yo no pude reprimirme, en medio del silencio de ese día primaveral y lleno de sol que nadie hablara. Y dije en voz alta para q oyeran los marinos, carabineros y los funcionarios del cementerio que eran muchos: “Aquí te dejamos Salvador Allende, Presidente de la República, en esta forma tan anónima, sin una corona y sin una flor y sin la compañía del pueblo chileno que tanto te quiso”. Nadie me dijo nada. No accedieron a destaparlo como pedí, para tocarlo y darle el beso de despedida.

Lo único que aceptaron fue llevarme al Palacio del Cerro Castillo para recoger su ropa y retratos nuestros y un poco de ropa interior mía, porque de Tomás Moro salí con lo puesto, en el apuro.

Hija, no sé cuándo te veré a ti, ni a Mayita, ni Luis, ni el nuevo nieto que espero llegue con felicidad después de tantas tragedias.


Para el Comandante Fidel Castro, que le llevó con Carlos R. Rodríguez tan hermosa carta, que le manifestaba su solidaridad y ayuda, que Salvador supo cumplir con el pueblo chileno, que no lo traicionó, Siempre dijo yo no moriré ni enfermo, ni en el exilio. En lo único que se equivocó es en que fue depuesto por la traición de las FF.AA.

Yo no me conformaré nunca, podremos haber discrepado muchas veces, discutido, pero supe apreciar su grandeza y su humanidad.

No sé cuándo los veré, pero escríbanme o llámenme porque yo no sé si podré hacerlo. Si yo pudiera contar al pueblo de Chile “como murió su querido compañero” por eso todo lo hicieron sincronizado y anónimo. Cariños abrazos para Mario.

Te abraza y besa, Tencha.

Hace unos minutos que supe q esta Junta Militar habría cortado relaciones con Cuba y que ustedes deberían salir de inmediato. Cuando me hablaste estaba aturdida, no podía creer que ya no te vería y que me hablaron de Salvador de esa mañana en La Moneda. Te escribo llorando porque me habría gustado besarlo y estrecharlo.

Ahora, los buenos amigos Martínez nos han acogido a mí, tus hermanas y nietos con cariño.

Tencha