UN PARTIDO LEAL A LA PRESIDENTA Y A LAS REFORMAS

26 de Abril de 2015
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Hoy los socialistas decidiremos quiénes conducirán nuestro partido.Lo hacemos en un momento difícil e importa mucho quién encabece el proyecto socialista en los próximos dos años.

He sido y seguiré siendo leal a la Presidenta, al gobierno y el programa de la Nueva Mayoría. Ser leales significa estar comprometidos con su éxito, y ser consecuentes con los propósitos comunes que nos animan. Una crítica puede ser útil para enmendar errores, pero puede ser un ataque innecesario si no es oportuna, o se realiza por los medios y se orienta a debilitar al Gobierno. Por ello he insistido y recalcado la relevancia de la lealtad a la Presidenta, porque hoy más que nunca es importante estar unidos para avanzar en los compromisos que asumimos con el País. Fortaleceremos las relaciones del Partido Socialista con el Gobierno, apoyando las reformas, el cumplimiento del programa, y proponiendo iniciativas que contribuyan a la labor gubernamental.

Mi convicción es que debemos avanzar decididamente en el programa de reformas. El pueblo de Chile eligió una Presidenta, un Parlamento y un Programa. Se trata de un mandato popular, y lo vamos a cumplir, conversando con todos, acogiendo las sugerencias e intentando consensos, pero sin que éstos traben los cambios.

Para lograrlo, es fundamental reforzar la relación con los partidos integrantes de la Nueva Mayoría, en una actitud de diálogo y colaboración permanente. No estamos juntos por una mera cuestión instrumental: nos une la visión de un país mas igualitario, justo e inclusivo, en nuestro constante afán por ampliar la democracia, perfeccionar sus instituciones y aumentar la participación ciudadana. Contribuiremos a la búsqueda de los mayores acuerdos políticos posibles en este conglomerado amplio y diverso, que actualmente somos.

Estoy convencida que los problemas de legitimidad del Parlamento y de la política requieren más que nunca de cambios profundos. Hoy estamos viviendo una crisis de confianza y legitimidad, pero esto no debe generar una parálisis de nuestras iniciativas. Podemos -al mismo tiempo- superar los problemas de legitimidad de la política, apoyando la agenda de probidad, y continuar con el proceso de reformas que iniciamos el 2014.

Hemos avanzado en la dirección de los cambios. Como Presidenta del Senado pudimos cumplir con toda la legislación que el Gobierno propuso. Aprobamos la Reforma Tributaria, los proyectos de la Reforma Educacional, el Cambio al Sistema Binominal y la Ley de Cuotas, el Acuerdo de Unión Civil, la creación del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, por mencionar algunos de los 150 proyectos que se promulgaron en el año legislativo que acaba de culminar. Ese período fue el de mayor legislación desde la vuelta a la democracia, y estoy convencida que con la misma fuerza y convicción podremos avanzar en los cambios que restan.

En el futuro próximo apoyaré los nuevos proyectos de la reforma educacional y la reforma laboral. Junto a la reforma tributaria y la Reforma al Binominal se trata de los cambios más importantes en décadas, orientados a construir un Chile más igualitario y con mayor justicia social.

Soy consciente, sin embargo, que la actual crisis política demanda de un esfuerzo adicional y mayor. En primer lugar, tenemos que dejar que la Justicia haga su trabajo, sin arreglos de ningún tipo para determinar la culpabilidad a quienes corresponda.

Además, soy partidaria de una legislación severa, que construya un verdadero cortafuego entre el dinero y la política. Por ello apoyaremos todas las iniciativas que ha propuesto la Presidenta, como también los planteamientos de la Comisión Engel, y el propio trabajo que venimos haciendo en el Senado.

Sin embargo, la ciudadanía espera más. Tenemos que ser capaces de enfrentar los problemas de nuestro Estado y su institucionalidad. Chile necesita ahora una Nueva Constitución.

Este cambio debemos hacerlo en un proceso abierto y participativo. Solo de esta manera, dialogando, podremos comenzar a recuperar la confianza ciudadana. En consecuencia, impulsaremos un proceso que nos lleve a elaborar una Nueva Constitución para Chile, la que en mi opinión, debemos realizar a través de una Asamblea Constituyente.

En este tema fundamental, nuevamente he escuchado todo tipo de reacciones alarmistas y conservadoras, desde que quienes dicen que estamos fumando opio, hasta quienes levantan todo tipo de temores sobre desgobierno o desmontaje de las instituciones. Nada más lejos de la verdad. No es una Asamblea Constituyente lo que amenaza el futuro de Chile, sino la falta de cohesión social de nuestro país y la profundización de las desigualdades sociales. Una Constituyente es un órgano colegiado al cual se le otorga el mandato de discutir y redactar una nueva Constitución como única tarea, y quien mandata ala Constituyente debe ser la propia ciudadanía a través de una elección popular.

Ninguna institución dejará de funcionar, como se ha querido insistir. La gran diferencia de hacer un cambio a puertas cerradas, es que la Asamblea Constituyente es el resultado de un debate de toda la ciudadanía que termina eligiendo a sus representantes para que plasmen su opinión en el nuevo texto constitucional. Así, se hace cargo de la demanda de transparencia, legitimidad y participación que la ciudadanía demanda, y donde se encontrarán representados todos los sectores.

La crisis política que vivimos es también, en gran parte, una crisis de los partidos. Me he presentado como candidata a dirigir el Partido Socialista para hacerme cargo de este desafío que nos involucra a todas y todos los militantes.

Somos un partido con historia, que acaba de cumplir 82 años de existencia. Hemos sido parte fundamental de la construcción del país en el último siglo. Grandes reformadores y promotores de la igualdad y justicia social han sido parte de nuestra organización.

Esta elección interna debe ser un momento para que asumamos con orgullo esa historia, pero también para que nos comprometamos con responsabilidad a hacer cambios profundos. Debemos acordar un código de ética para los socialistas que imponga los más altos estándares de probidad y transparencia a sus militantes. Pero también debemosmejorar la democracia interna, permitir y desarrollaruna mayor participación de los militantes, y también de las y los ciudadanos que están cercanos a nuestras ideas y valores.

Tenemos que facilitar la relación permanente entre sus instancias, recuperar la relación con las organizaciones sociales donde participan nuestros militantes. Requerimos profundizar la participación de las mujeres y de los jóvenes, estableciendo espacios de diálogo, debate y capacitación permanente, paraque tengamos un partido propositivo de caraal futuro del país.

Y más que nada, un partido que recupere la fraternidad socialista, porque de las elecciones que estamos llevando a cabo, como militantes del partido de la Presidenta Bachelet, tendremos que salir fortalecidos, de manera limpia, transparente y democrática, dando ejemplo que podemos superar nuestras legítimas diferencias.

La tarea que estamos enfrentando no es fácil, requiere convicción, fuerza, carácter y claridad. Por una parte, estamos ante el desafío de revertir una crisis de confianza y credibilidad muy profunda, para sostener y fortalecer la democracia. Si no lo hacemos, podemos quedar expuestos a la tentación populista o autoritaria. Y a la vez, es necesario encauzar una energía de cambio social y político para construir un país sin privilegios y abusos, más humano, justo e inclusivo. Podemos y debemos avanzar en ambos propósitos. Mi compromiso es asumir este desafío, con todos los socialistas, por el bien de Chile.

Fuente El Mercurio

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