El 4 de septiembre de 1970

Palabras de la Senadora por la Región de Valparaíso, Isabel Allende Bussi, en el marco de las conmemoraciones de los 50 años de la Unidad Popular y el triunfo de Salvador Allende como Presidente de la República, recordando la sana victoria alcanzada ese 4 de septiembre de 1970.
0
63

El 4 de septiembre fue un día de esperanza. La esperanza después de tantos años, de un largo recorrido. Por fin ganar esas elecciones y elegir como Presidente de la República a Salvador Allende, quien ya había participado en cuatro campañas presidenciales.

Nunca olvidaré la cara de mi padre cuando acompañó a votar a mi madre, y a nosotras, sus hijas. Había tanta expectativa, habían sido tantos años de logros y de derrotas, pero además de tantas campañas, largas, exigentes, difíciles.

Esa fue una noche de emoción. Una noche de alegría. Finalmente se consagró el triunfo. Después de tantos años, el pueblo se volcó a las calles, y nos encontramos en la Alameda con Santa Rosa, donde estaba la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, y el balcón desde el cual hizo su discurso.

Ahí nos habló de sus sueños, de su gratitud al pueblo que lo había apoyado, que lo había acompañado, y donde también terminó sus palabras con esa frase maravillosa que decía “cuando vuelvan a sus casas y acaricien a sus hijos, no se olviden del mañana duro que nos espera”. Él sabía perfectamente que abría paso a un camino inédito, nunca antes hecho, pero que era posible realizar.

Sabía que no iba a ser fácil el camino, pero era su camino. En una época con profundas transformaciones, mi padre aspiraba a una sociedad que llamó socialista, en democracia, pluralismo y libertad. Con sabor a vino tinto y empanadas. Como él quería, acorde a nuestra institucionalidad y a nuestras tradiciones. Ajena a otros modelos.

Por eso, -al cumplirse los 50 años de ese triunfo- es imborrable lo que significó para tantas y tantos: la esperanza de una sociedad diferente, que les devolviera derechos, que les diera oportunidades, en que pudieran participar plenamente. A través de las distintas medidas de su gobierno se inició un recorrido que buscaba devolver el derecho y la dignidad a las personas.

Ese día lo recordamos emocionadas. Recordamos el cariño, la unidad, la esperanza del pueblo. Recordamos la alegre y multitudinaria fiesta que se organizó en la Alameda, y donde no hubo ni un vaso de vidrio roto que lamentar.

Recordamos entonces, todas las esperanzas, los anhelos, lo que significó ese triunfo de la Unidad Popular, y por fin, de su líder Salvador Allende llegando a la Presidencia de la República, para iniciar un camino que tiene un profundo significado en la historia de Chile.