SALVADOR ALLENDE TUVO UNA CONCEPCIÓN PROFUNDAMENTE ÉTICA DE LA POLITICA

07 de Setiembre de 2013
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INTERVENCIÓN SENADORA ISABEL ALLENDE B.

CLAUSURA SEMINARIO INTERNACIONAL
“SALVADOR ALLENDE:
REPÚBLICA, DEMOCRACIA Y SOCIALISMO”

FUNDACION SALVADOR ALLENDE

FUNDACIÓN FRIEDRICH EBERT - INSTITUTO IGUALDAD
PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE – SENADO DE CHILE
EMBAJADA DE SUECIA – INSTITUTO CHILENO-FRANCÉS


Santiago de Chile, 7 de septiembre de 2013
 

- Estimada ex Presidenta y futura Presidenta de Chile, Michelle Bachelet;

- Estimado Presidente del Senado, Jorge Pizarro;

- Querida familia;

- Estimado Osvaldo Puccio, Presidente de la Fundación Salvador Allende;

- Querida Ángela Jeria;

- Estimados ex Primer Ministro de Austria, Alfred Gusenbaur; Secretario General del Partido Socialista Vasco, Patxi Lópex; Senadora y Presidenta del Frente Amplio de Uruguay, Mónica Xavier;

-Estimados Presidentes de los Partidos de la Nueva Mayoría;

- Colegas parlamentarios;

- Embajadoras, embajadores;

- Estimados participantes extranjeros en este seminario internacional, compañeras y compañeros, amigos todos:

Hace casi 40 años, a pocas cuadras de este edificio, hubo un hombre, un socialista, que brindó su vida por una causa justa. Asediado el palacio de gobierno por las fuerzas golpistas, Salvador Allende prefirió pagar con su vida la lealtad del pueblo.

Con este gesto, el Presidente Allende se erigió como ejemplo de dignidad para el mundo entero.

Este seminario internacional que hoy cerramos da cuenta de aquel gesto que se transformó en gesta.

En todo el mundo se recuerda a este revolucionario poco tradicional; socialista y demócrata de toda una vida. Tan igualitario como libertario, tan valiente como dialogante; soñador y dialogante.

Allende habló de socialismo en democracia cuando no era usual hacerlo.

Habló de igualdad y libertad como síntesis, y no como antítesis.

Habló de un gran proyecto ideológico, y al mismo tiempo se ocupaba de las demandas más cotidianas de su pueblo.

Hablaba de materialismo histórico y del medio litro de leche.

Ese era Salvador Allende, un político adelantado a su tiempo, que con su gesto, se transformó en leyenda para los socialistas, socialdemócratas, laboristas y progresistas del mundo entero.

Pero hay más motivos esta mañana que hacen que el legado de Salvador Allende se sienta más fuerte que nunca.

Porque fue precisamente en este salón donde Allende fue ungido Presidente de Chile hace 43 años. Al estruendo de un sonoro “¡Viva Chile mierda!” de nuestro compañero Mario Palestro, aquí se contaron los votos del Congreso Pleno, que proclamó a Allende como el primer presidente socialista en la historia de Chile.

Después de todo lo que hemos vivido; después de todo lo que hemos sufrido, quién iba a pensar que cuatro décadas después, en otra mañana a comienzos de septiembre, nos encontraríamos nuevamente en este salón, esta vez en presencia de quien puede ser –y estoy segura que será—la próxima Presidenta de Chile.

¡Gracias Michelle Bachelet por estar esta mañana con nosotros!

Ya lo decía: a pesar de la muerte, de la tortura, de la prisión y del exilio, los socialistas nos aprontamos a colocar nuevamente a una militante de nuestras filas en la Presidencia de la República.

Y constatamos que lo hacemos siguiendo una de las enseñanzas que Salvador Allende nos dejara: la unidad.

No creemos en el partido único. No creemos en vanguardias iluminadas. Creemos en la unidad del pueblo para enfrentar los grandes desafíos.

Con Allende se formó la Unidad Popular para desarrollar una plataforma de inspiración socialista.

Con Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, la plataforma amplia y diversa fue la Concertación, desde donde logramos recuperar la democracia de manera pacífica e instalar un ciclo de progreso, democracia y derechos humanos, que devolvería al país a su tradición histórica de tolerancia, respeto y dignidad.

Hoy asistimos al nacimiento de una Nueva Mayoría, que tiene por delante reformas profundas, para terminar de entroncar a Chile con la matriz progresista de la cual nunca debió haber salido.

Estamos en pleno proceso de construcción de esta nueva alianza.
La Nueva Mayoría debe ser, junto a los partidos históricos, el espacio para el movimiento ciudadano.

Una Nueva Mayoría para el movimiento de los estudiantes, de las regiones, de los pueblos indígenas, las agrupaciones de derechos humanos, las organizaciones de mujeres, de los sindicatos, de la cultura, de la diversidad sexual, y tantos, tantos otros actores de este Chile nuevo que se quiere remecer de los lastres institucionales, que lo atan al modelo neoliberal, y determinar por sí mismo, y sin amarres, su propio destino de progreso e igualdad.

Querida Michelle y futura Presidenta, permítame decirle que usted es una genuina continuadora del legado de mi padre.

Porque en usted es tan fuerte el compromiso con la democracia, el estado de derecho, la igualdad, los trabajadores, las madres, los niños, los más humildes de nuestro país.

Porque entiende que la historia es de todos nosotros, que la historia la hacen los pueblos, que Chile es de Todos.

Porque a pesar del paso del tiempo, comparte los mismos valores de libertad y justicia social.

Los problemas hoy son diferentes. Los desafíos han cambiado. En democracia hemos progresado mucho. Pero la igualdad sigue estando presente en nuestro ideario, y la convicción -como Allende- de lograrla en democracia, es algo que la caracteriza a usted y a todos los que estamos en este salón, esta mañana.

Para ello se necesita de una mayoría organizada y leal. Coherente y soñadora, que logre dar cauce a los anhelos de justicia de nuestra gente.

Nos reunimos todos en este salón, socialistas y democratacristianos, PPD, radicales y comunistas, ciudadanos militantes e independientes, nos reunimos con la frente en alto.

Con la conciencia limpia de no haber avalado las conductas más oscuras que conozca nuestro país.

Son otros los que tienen que esconder la cara en estas fechas, que algunos ni siquiera se atreven a reconocer lo sucedido.

Son otros los cómplices civiles de una dictadura de odio y exterminio.

Nosotros nos reunimos con la frente en alto, porque estuvimos en el lado doloroso y triste, pero del lado correcto de la historia.

Vemos con satisfacción que Salvador Allende no solo dignifica nuestro pasado, sino que sigue iluminando nuestro futuro.

Estimadas amigas y amigos, deseo finalizar mi intervención haciendo un recuerdo y un homenaje a quienes, aquel 11 de septiembre de 1973, perdieron su vida como consecuencia del golpe de Estado.

A quienes en desigual enfrentamiento lucharon para evitarlo y dar continuidad a la vigencia de las instituciones democráticas y republicanas, las que siempre son posibles de perfeccionar.

Deseo rendir homenaje a los miles de detenidos por causas políticas, a los que sufrieron tortura, a los que fueron exonerados, a los que fueron desterrados y obligados a romper sus vínculos con sus familias y con su Patria.

A los que lucharon por recuperar la democracia, quienes en actitud generosa estuvieron dispuestos a enfrentar todos los riesgos, incluso perder la vida por una causa de gran nobleza. Varios murieron, muchos otros fueron víctimas de la represión bajo la vigencia de un régimen que practicó el terrorismo de Estado. Pero todo lo que hicieron fue el fundamento del retorno a la democracia.

La figura del Presidente Allende pertenece a la pléyade de nuestros grandes líderes. Así es considerado en todas partes del mundo. En él reconocemos su heroísmo, su consecuencia, la lealtad con sus principios y con quienes representaba, es decir, los intereses de los pobres, de los excluidos.

También lo reconocemos porque intentó llevar a la práctica lo que en aquel momento histórico se denominó la vía chilena al socialismo o que podría haberse denominado una tercera vía, para caracterizar aquella que hace compatible democracia y socialismo, y que entiende el socialismo como un humanismo, tema que ha estado presente en este seminario y que ha motivado la reflexión teórica de diversos intelectuales en distintos foros nacionales e internacionales.

Pienso que esta línea de pensamiento abre un camino orientador para lo que puede ser nuestro futuro, es decir, un mejor futuro, una mejor sociedad. Tal vez en ello está la vigencia de Salvador Allende, así como en su concepción profundamente ética de la política y en su consecuencia irrenunciable con aquello en lo que firmemente creyó y su lealtad con el pueblo que representó.

Estimadas amigas y amigos, “el metal tranquilo de mi voz”, como dijo mi padre, habla de un hombre consciente del momento histórico que vive y que sabe que con su gesto está forjando un legado de dignidad y de sueños para las futuras generaciones. Sueños que dan sentido a la vida y esperanza por un mundo más libertario, más justo y más igualitario.

Muchas gracias!
 

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