SALVADOR ALLENDE, UN PENSAMIENTO POLÍTICO PARA NUESTRO TIEMPO

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En primer lugar, quiero agradecer la invitación que me ha realizado la ASOCIACIÓN CONVOCATORIA 30 ANIVERSARIO a tener la oportunidad de estar con todos ustedes, aquí en París, y poder cerrar este coloquio internacional que se ha desarrollado desde el viernes 19 de septiembre. Igualmente quiero saludar a todos los expositores que han estado interviniendo, a los parlamentarios y dirigentes partidarios que han participado, a los académicos e intelectuales que han debatido, a todos aquellos que han hecho posible este homenaje y especialmente a cada uno de ustedes por preservar la memoria del Presidente Allende, en Francia.

Sé que el objetivo que se han puesto ha sido presentar las ideas y el accionar de Salvador Allende durante su vida y trayectoria política, y ello, en la perspectiva de reaprender y retomar la vigencia de sus valores. Por esto, no es menor que esta conversación acontezca en la cuna de la Revolución Francesa, en cuyos valores de Libertad, Igualdad y Fraternidad se ha fundado el alma moderna, los mismos que inspiraron la conducta ética y política del Presidente Allende.

Este año 2003, a 30 años, el impacto que ha provocado la figura de Salvador Allende en nuestro país es profundo porque ha hecho que la historia se haga pública, que las propias imágenes de la época, que las mismas voces de antaño sean las que nos cuenten lo que pasó. El contraste entre el discurso republicano en el Palacio de La Moneda de un presidente demócrata, y la voz destemplada de un general traidor amenazando con tirar cuerpos al mar ha sido muy fuerte para las nuevas generaciones.

El poder de las imágenes que han sido mostradas en los canales de televisión, coincidentemente en 30 programas, a una población que está compuesta por un 50% menor de 30 años es impresionante. Su identidad se ha engrandecido y probablemente es lo más intolerable para una derecha que había tenido un discurso denostador de Allende. Porque el reposicionamiemto de su imagen es por una vida consecuente, por ser un hombre justo y digno, un tipo de político que los jóvenes añoran.

Y cuando 80.000 personas concurren al Estadio Nacional -recientemente declarado monumento nacional- a un homenaje artístico-cultural denominado “El Sueño Existe”, y participan voluntaria y gratuitamente más de 50 artistas nacionales e internacionales, es sólo porque Salvador Allende los convoca. Ahí, miles de jóvenes que no nacían aún, escuchan atentamente el Discurso de Guadalajara o el de las Naciones Unidas, o la entrevista realizada por Rossellini. Y emociona el interés que despiertan sus intervenciones, e incluso, en una encuesta recién realizada, aumenta la valoración de Allende por parte de los jóvenes.

En este sentido, claramente la figura del Presidente Allende ha alcanzado un nuevo perfil y se ha revalorizado su persona, especialmente a través de su muerte en la sede de gobierno, defendiendo la institucionalidad democrática y protegiendo la dignidad de su cargo.

Han pasado 30 años marcados, en primer término por la derrota y la división de la dictadura militar. Por más de 17 años se negaron las violaciones a los derechos humanos; posteriormente se recurrió al eufemismo de denominarlas excesos, pero gradualmente la sociedad y las mismas Fuerzas Armadas debieron aceptar evidencias irrefutables, como la aparición de los cadáveres de algunas víctimas.

El proceso de reconocimiento de la verdad fue posible gracias al trabajo sistemático de los familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados políticos junto a la Vicaría de la Solidaridad la que, además de defender a las víctimas de la represión, denunció el drama que vivían los perseguidos. No obstante, fue necesario el Informe Rettig, cuya fuerza probatoria y moral permitió al Presidente Aylwin oficializar la verdad. Y fue la detención de Pinochet en Londres la que hizo posible que la mayoría de los chilenos tomara conciencia del imperativo de hacer justicia ante crímenes que son imprescriptibles e inamnistiables, según el derecho internacional y los Tratados suscritos por Chile que por mandato constitucional está obligado a respetar.

Los Tribunales de Justicia han hecho avances importantes que los dignifican, sin embargo quedan pendientes los casos de centenares de víctimas. La Mesa de Diálogo, que buscó avanzar en la deuda de verdad respecto a los crímenes cometidos, tuvo el mérito del reconocimiento, por las Fuerzas Armadas, de las violaciones a los derechos humanos cometidas por varios de sus miembros, aunque la entrega de información para ubicar los cuerpos de detenidos desaparecidas no sólo fue parcial sino que en la mayoría de los casos errada y ocultó la exhumación ilegal de cadáveres, lo que constituye una segunda desaparición.

A treinta años del golpe militar, mayoritariamente el país repudia la violación a los derechos humanos cometida por agentes del Estado, respalda la legítima aspiración de justicia, de cerrar heridas y alcanzar la reconciliación. El Comandante en Jefe del Ejército, General Emilio Cheyre, ha hecho importantes declaraciones, señalando que ello nunca más debe ocurrir; son actitudes como estas las que ayudan al proceso de reencuentro entre los chilenos.

También debemos reconocer que Chile ha cambiado mucho en estas tres décadas. Hemos sacado lecciones, aprendiendo el inmenso e irremplazable valor de la democracia. Y ahora entendemos plenamente los planteamientos de Allende cuando expresaba sus deseos de desarrollar un proyecto socialista en tolerancia, pluralismo y libertad. Por eso hemos recuperado el afecto, la amistad cívica y el compromiso común por la democracia con otros demócratas, con quienes estuvimos separados en los años 60 y parte de los 70.

Esto último es probablemente uno de los cambios políticos más relevantes que se han producido en nuestra historia, y es aquí donde podemos afirmar que una de las principales dificultades que tuvo el gobierno de Salvador Allende fue intentar hacer cambios sustantivos para la sociedad chilena, sin haber contado con la mayoría necesaria para ello.

En este sentido, me hago cargo de las palabras del Ministro del Interior, José Miguel Insulza, quien el día 10 de septiembre, en la ceremonia de homenaje al Presidente Allende, dijera que “Llevamos más de veinte años trabajando juntos, primero para liberar a Chile y luego para darle gobernabilidad y progreso en democracia. Hemos formado tres gobiernos de amplia mayoría nacional, con éxitos políticos, sociales y económicos sin parangón estos años en nuestro continente… Eso ha sido nuestra Concertación, y es nuestra tarea de hoy y de mañana, nuestro compromiso y nuestra tarea común”.

También quiero aprovechar de dar cuenta de la emotividad manifiesta de ese homenaje. Cuando el Presidente Lagos y Tencha descubrieron la placa que recuerda a Salvador Allende como Presidente democráticamente electo en la sala donde entregó su vida, Allende se instala definitivamente en la historia republicana chilena. Porque ha abierto caminos, ha dejado testimonios perdurables para las generaciones que vienen, y con el tiempo se ha convertido en una figura universal, la de un hombre que es capaz de morir por sus ideales.

Igualmente, la obra de Guillermo Muñoz Vera, expresada en dos cuadros. En el primero, Allende saluda victorioso desde el balcón de La Moneda el día 4 de noviembre de 1970 y el segundo, es el mismo balcón: Allende no está y el balcón está completamente destrozado. “Es el momento de la barbarie y el inicio de la larga noche de la dictadura. El Presidente democrático no forma parte de esa barbarie y sólo volverá cuando el balcón de la democracia sea restaurado” dice José Miguel Insulza.

La memoria histórica es necesaria e imborrable. Por ello debemos conocerla y reflexionar sobre lo que sucedió en nuestro país, para asumir con mayor certeza nuestro futuro.

La gran lección es esa. Por eso quiero contarles que el día 11 de septiembre, antes de la ceremonia convocada por el Presidente Lagos a La Moneda, fui invitada por los democratacristianos a un homenaje realizado en el Monumento a Bernardo Leighton, donde se me entregó la carta que firmaron los denominados “Grupo de los 15”. Carta que da cuenta de la condena que desde un principio hicieron al golpe militar, y que hoy se transforma en patrimonio del conjunto de la DC, para todas las generaciones democratacristianas, desde los 80 en adelante. Porque también es importante que reconozcamos como hemos ido cambiando y nos hemos acercado juntos a la certeza que la violencia y la tragedia de septiembre de 1973 nunca más se puede volver a repetir en nuestra patria.

Y las palabras del ex – Diputado Andrés Aylwin, gran defensor de los derechos humanos, son elocuentes en ese sentido…

Por otra parte, ese mismo día, el Presidente Ricardo Lagos encabezó la ceremonia en La Moneda, iniciada por ese magno gesto de abrir la puerta de Morandé 80. Todo un gesto republicano que ha rehabilitado nuestra historia y que generó una amplia adhesión ciudadana, y de gran respeto. Asimismo, quiero rescatar de su intervención los siguientes párrafos:

“Las últimas palabras del Presidente Allende no fueron expresiones de cólera, menos de resentimiento; fueron expresiones que aludieron a un futuro de paz, de bienestar, de justicia social. Por ello permanecieron, por ello hoy tienen sentido tanto para sus partidarios como para sus detractores. Por eso esas palabras están dirigidas a todos los chilenos, y todos los chilenos debemos hacerlas nuestras para construir ese futuro.

Hemos avanzado, pero debemos seguir avanzando más en nuestra reconstrucción democrática y en el afianzamiento de las libertades públicas. Hemos avanzado, pero debemos seguir avanzando más en lograr un país más justo, sin pobreza extrema, con mayor igualdad social. Hemos avanzado, hemos avanzado mucho, pero debemos seguir avanzando más en una convivencia basada en el respeto, el pluralismo, la tolerancia y la unidad del alma nacional. Así y sólo así ese sacrificio de hace 30 años cobrará todo su sentido. Sólo así las anchas alamedas finalmente se abrirán para todos los hijos de esta tierra.”

Y tal como lo señalará, el Presidente Lagos en su propuesta de Derechos Humanos “No hay mañana sin ayer”. Por ello, el respeto por la democracia y sus instituciones deben ser irrestrictas, aunque tengan limitaciones, cumpliendo el compromiso de nunca más romper el Estado de Derecho. El mundo es legítimamente plural y cada ser humano es detentador de dignidad y derechos, por ello debemos asumir que nunca más se violarán los derechos humanos.

De la misma forma, quiero hacerme cargo de las palabras del Cardenal Francisco Javier Errázuriz, en el Tedeum efectuado el 18 de septiembre, en la Catedral de Santiago: "Nunca más la politización de las Fuerzas Armadas y de Orden. Nunca más una convivencia tan deteriorada que un gran número de ciudadanos pida una intervención armada, tampoco circunstancias tales que el gobierno sea tomado por las armas y que un presidente se vea instigado a poner fin trágicamente a sus días. Nunca más la imposición de las ideas por la fuerza, la persecución de los adversarios políticos y la búsqueda de personas y de armas mediante la tortura",

Probablemente este es el mensaje y el compromiso fundamental con que los chilenos estamos asumiendo esta nueva etapa. Chile avanza hacia una común interpretación ética del pasado, expresada en el repudio a los crímenes cometidos. Si además internalizamos convicciones democráticas, el respeto a los derechos humanos y al Estado de Derecho, construiremos un legado honroso que influirá positivamente en las futuras generaciones. No es con el olvido de los errores del pasado ni con la impunidad cómo los países sanan sus heridas y recuperan un sentido ético de su historia y de la construcción de su futuro, sino que enfrentando la verdad, haciendo justicia, reparando a las víctimas y asumiendo el compromiso que nunca más se repita lo ocurrido hace treinta años. A los políticos nos corresponde enfatizar el sentido ético y la responsabilidad superior de la política, para que no pierda dignidad y nobleza en su esfuerzo por construir una sociedad mejor al servicio de todos los seres humanos.

Salvador Allende fue un político que amó a su país, creyó en la democracia, promovió el cambio social y dedicó su vida a los más pobres, y por sobre todo, soñó con un mundo mejor para los trabajadores de esta patria, a quienes está dirigido su testamento político.

En Chile, el Presidente Lagos ha hecho posible este reencuentro de reparación con la memoria histórica de Chile. Lo valoramos como el reconocimiento de un país que respeta el sentido del sacrificio y la fuerza moral con que el Presidente Allende enfrentó su destino, único Presidente de Chile que ha entregado su vida en ese palacio de gobierno.

El Presidente Salvador Allende representa para nosotros la lucha por los sueños que dan sentido a la vida y, constituyen un modelo de ética política, y por sobre todo el anhelo de conjugar libertad y justicia social, soñando con un proyecto socialista en democracia.

Muchas gracias.
 

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