INCORPORACIÓN AL CONSEJO PREMIO NOBEL DE LA PAZ PARA LAS ABUELAS DE LA PLZA DE MAYO

06 de Agosto de 2012
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Amigos, Amigas, Queridas Abuelas

Primero, quiero agradecer profundamente el honor y la responsabilidad que significa el formar parte del Comité Internacional de la Asociación Civil Abuelas de la Paz (ACAP), que impulsa la candidatura al Premio Nobel de la Paz para las Abuelas de la Plaza de Mayo.

Quiero, asimismo, aprovechar esta ocasión para saludar y hacer un reconocimiento al Juez Baltasar Garzón, quien fuera figura clave para nuestro país, considerando las gestiones que realizó y que permitieron iniciar el juicio contra el dictador Pinochet, cuestión clave para el cambio que se produjo en mi país respecto a su siniestra figura. Su labor fue fundamental para que se iniciara el juicio al general Pinochet y pudieramos generar las condiciones para que en Chile definitivamente se reconociera su culpabilidad y responsabilidad en todos los tremendos crímenes que allí se cometieron.

Por otra parte y como hablamos de identidad, quiero recuperar la mia. Fui presentada como Senadora, pero también como una gran escritora... y no lo soy. Isabel Allende Llona, la famosa escritora es mi prima, y estoy muy orgullosa de ella, e incluso estoy segura que si también la invitan, ella aceptaría gustosa de integrarse a esta noble labor que nos han encomendado.

El compromiso y el trabajo incesante de las Abuelas de la Plaza de Mayo durante todos estos años ha sido fundamental para localizar y restituir a sus legítimas familias a todos los niños secuestrados y desaparecidos por la represión política, exigiendo castigo a todos los responsables de privarlos de vivir con su legítima familia, así como de sus derechos y libertades.

Las Abuelas han logrado localizar y restituir la identidad de 101 personas secuestradas y entregadas a represores y sus cómplices. Además, como parte de su causa han logrado establecer el Banco Nacional Genético, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y han colaborado activamente en la recuperación de centros de detención clandestinos para convertirlos en espacios de la memoria.

En la búsqueda permamente y incansable de sus nietos han creado en la sociedad argentina y en el mundo una verdadera conciencia sobre la necesidad que estos cruentos hechos no vuelva a repetirse, de conocer la verdad, enjuiciar a los culpables, y buscar y encontrar a los niños desaparecidos.

Así y como parte de su persistente tarea, en 1997 las Abuelas de Plaza de Mayo propusieron incorporar a la Convención sobre los Derechos del Niño, el derecho a la identidad que fue incluido en los arts. 7 y 8, conocidos por eso como los artículos argentinos. Esta contrubución plasma la labor de las Abuelas, pero también permitió establecer universalmente el derecho a un nombre, a conocer a los padres, comprometiendo a loa Estados participantes a garantizar estos derechos y a restablecer la identidad su ésta le ha sido privada al niño.

También, Junto a las demás organizaciones de derechos humanos, impulsaron los juicios por la verdad, obligando al Estado argentino a seguir investigando, a partir de la decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Lapacó (1999).

Las Abuelas se han constituido en un referente moral, pero también en ejemplo e inspiración de acción política y social en la lucha por los derechos humanos. No puedo sino señalar que su causa, sus reivindicaciones y su apego a la verdad y la justicia se nos hizo presente en el reciente debate que tuvimos en Chile acerca del indulto a los violadores de derechos humanos.

Impulsado por algunas iglesias y, sobre todo, por sectores afines a la dictadura que vieron en el Bicentenario y en la clemencia una razón para impulsar una medida que significaba un retroceso en el compromiso que como sociedad hemos sellado en materia de derechos humanos.

Desde distintos sectores sociales, el mundo de los derechos humanos y los partidos políticos insistimos en que los autores de hechos de sangre y delitos de lesa humanidad -sean civiles o militares- no puedan recibir beneficios, ni menos un indulto. La prudente decisión, gracias a la presión social, de no otorgar el indulto permitió evitar un gran error pues durante años no hubo la posibilidad de justicia, y que nunca hemos visto arrepentimiento ni colaboración para que muchas familias sepan la suerte que corrieron los detenidos desaparecidos y su paradero.

Indultar a los violadores de los derechos humanos es reabrir heridas en víctimas y en la sociedad. Aún persisten dolores, detenidos desaparecidos con paradero desconocido, procesos en actual tramitación con involucrados gozando de libertad, y una Ley de Amnistía que no ha logrado ser derogada.

En el año de nuestros bicentenarios, las Abuelas nos entregan un potente testimonio sobre conquistas de verdad, justicia, respeto y compromiso con la democracia y los derechos humanos a través de la lucha social. Estos valores son las bases del reencuentro y la convivencia social que queremos legar al futuro.

Las consecuencias de la violencia política en América Latina son de variadas y terrbiles expresiones. Sin embargo, las luchas y causas como la de las Abuelas, dignifican a nuestros pueblos y son una muestra fehaciente de la necesidad de establecer la verdad, castigar a los responsables y rehabilitar a las víctimas y sus familias del dolor causado por la represión política.

En reconomiciento a vuestra causa, a sus incansables esfuerzos por encontrar a sus nietos, y por la verdad y la justica, las Abuelas de Plaza de Mayo merecen no sólo el Premio Nobel de la Paz, sino que el respeto y la admiración de todo quienes son y serán inspirados por su búsqueda y dedicación.

Reitero mis agradecimientos y mi disposición a efectuar todos los esfuerzos para alcanzar el galardón, pero si ello no sucediera en esta oportunidad, creo que igualmente lo importante es que la causa de la Abuelas de la Plaza de Mayo se conozca y se reconozca en el mundo. Ese será el mejor premio, porque su rol se ha fundamentado en el amor a sus nietas y a su nietos, y desde allí a todas las niñas y niños del mundo que han buscado su identidad, como un derecho universal y consagrado.

Muchas gracias.

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