ASUMAMOS NUESTRA RESPONSABILIDAD HISTÓRICA CON LA CERTEZA DE BUSCAR EL TRIUNFO

21 de Enero de 2017
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PLENO DEL COMITÉ CENTRAL

Santiago, 21 de Enero de 2017


Senadora Isabel Allende Bussi
Presidenta del Partido Socialista de Chile

 

Compañeras y compañeros,

Quiero dar la bienvenida a todos quienes han llegado hasta aquí, a este Pleno en el cual se depositan hoy tantas miradas sobre las decisiones que los socialistas vayamos a tomar.

Antes de ello, deseo expresar toda nuestra solidaridad a uno de los nuestros, Oscar Landerretche, víctima él y su familia de un acto de violencia pocas veces visto en democracia.

Los socialistas repudiamos el uso de la fuerza como instrumento político y el intento de sustituir el debate y la confrontación de ideas por la insensatez de la agresión terrorista.

No nos dejamos amedrentar, no les tenemos miedo. Un ataque así no puede quedar impune, por eso nos vamos a querellar en contra de quienes resulten responsables, y esperamos que los organismos judiciales apliquen la ley con la mayor severidad.

No hay espacio para la violencia en Chile, venga de donde venga. Quien así lo crea no aprendió la lección histórica que con dolor y horror nos dejó la dictadura.

Vaya, pues, todo nuestro apoyo incondicional para Oscar y su familia.

Compañeras y compañeros,

Hoy vivimos tiempos complejos para las ideas y los valores progresistas. Ciertamente, no es un fenómeno privativo de Chile.

Contrariando las encuestas y las expectativas, durante el último tiempo vimos cómo los británicos prefirieron abandonar Europa; cómo en Colombia la conquista de la paz sufrió un freno impensable en el plebiscito; y cómo trabajadores desesperanzados permitieron que Donald Trump se convirtiera en Presidente de Estados Unidos.

Europa y América Latina sufren hoy un retroceso de las posiciones progresistas, donde enfrentan los cuestionamientos de una derecha fortalecida y de populismos de diversos signos.

El deterioro de la fuerza convocante de nuestro proyecto a nivel global resulta de un malestar extendido por todos los países, tanto por las limitaciones de la democracia representativa, como por la incapacidad de nuestras organizaciones políticas de encarnar dicho proyecto.

Compañeras y compañeros,

Hoy estamos en medio de un proceso de enorme trascendencia para el país, enfrentados a decidir en noviembre próximo acerca del Chile que vamos a construir en los próximos años.

El dilema es claro: por un lado, si seremos capaces de mantener y proyectar el camino de transformaciones  iniciado por el Gobierno de la Presidenta Bachelet o, por otro, si la derecha conseguirá detener nuestra marcha y dar paso a una regresión conservadora y neoliberal.

Perder el gobierno frente a la derecha es grave. Sería abrir la puerta a los que quieren desmontar la gratuidad, la nueva educación pública, la reforma tributaria y las políticas sociales orientadas a la universalidad.

Significará facilitar la tarea de mantener los privilegios para que quienes todo lo tienen: dinero, estatus, el control de los medios, con un predominio incontrarrestable sobre el país.

En una sociedad como la nuestra, la representación de los intereses de las mayorías requiere el concurso del Gobierno. Si queremos profundizar y extender la gratuidad; si queremos hacer una reforma previsional de verdad y ofrecer salud digna a todos los chilenos sin mirar si pueden pagar o no, es imprescindible proyectar las transformaciones.

Si queremos enfrentar la enorme desigualdad que amenaza nuestra convivencia desde la distancia que impone no sólo la brecha de ingresos, sino también la que segrega a las mujeres, a niños y ancianos, al mundo de la diversidad, a nuestros pueblos indígenas y a quienes habitan las regiones, necesitamos de políticas públicas que generen cohesión social, algo que no podemos esperar de la derecha.

Si realmente queremos reducir la desconfianza y el malestar de los ciudadanos, reconstruyendo los vínculos de nuestra comunidad social y política, debemos desterrar la perversa relación entre la política y el dinero.

Por eso tenemos el deber de ganar en noviembre próximo.

El desenlace de esta encrucijada no es evidente. Todos los datos de opinión pública muestran que las posibilidades de triunfo están abiertas para una u otra alternativa.

Por lo mismo, es alentador que mantengamos nuestras posibilidades de ganar, lo que pocos se atrevían a augurar hace solo unos meses atrás.

Pero el camino hacia un triunfo electoral requiere aún de mucho trabajo. Lo planteamos insistentemente: Unidad política de la Nueva Mayoría; una plataforma programática común; un acuerdo parlamentario unitario; y una candidatura única de toda la centroizquierda.

Teníamos la convicción y mantenemos hoy ese planteamiento hecho durante el proceso eleccionario municipal, que no tenía sentido adelantar los tiempos políticos, si no habíamos logrado un itinerario unitario.

Por eso, los socialistas definimos un cronograma para tomar nuestras decisiones, bajo los principios de preservar la unidad partidaria y garantizar a todos los precandidatos del Partido, la posibilidad de desplegarse por el país con sus planteamientos, dirimiendo nuestras opciones mediante el mecanismo más democrático y participativo posible.

Este camino, creemos, que ha sido el adecuado y en los tiempos correctos.

Sin embargo, hay quienes han criticado la actitud de los socialistas. Hay quienes creen ver en las decisiones que hemos adoptado colectivamente, un déficit de liderazgo.

Compañeros, la política no es imposición, sino una construcción colectiva para avanzar. La unidad del Partido Socialista no es algo banal, sino que es prioritaria. Cuando el Partido no ha logrado desarrollar un diálogo político inclusivo, ha abierto las puertas para la división y el fracaso.

Por eso es que nuestro objetivo ha sido la unidad y nuestro camino ha sido permitir la expresión de la diversidad interna. Haciendo política, no dando golpes de timón. Actuando con la sensatez que nos demanda nuestra responsabilidad histórica como partido eje de la centroizquierda.

Porque sin nosotros, no hay Nueva Mayoría. Sin un Partido Socialista protagónico y al mismo tiempo generoso, la centroizquierda pierde la bisagra que le permite existir.

Hoy, es tiempo de evaluar el momento que vivimos para pronunciarnos acerca de los acuerdos que hemos adoptado, sabiendo que el panorama de las propuestas presidenciales no está aún consolidado.

En la derecha, quien aparecía como el candidato natural, que caminaba a paso firme y con la primera opción de ganar, se ha estancado. Quien se percibía como imbatible, hoy no crece.

Entre los nuestros, el cuadro tampoco es claro. Dos partidos de la coalición han proclamado a sus precandidatos, y otros se aprontan a tomar sus decisiones. Nosotros hemos actuado respetando esos procesos, y lo seguiremos haciendo.

Nos toca enfrentar este momento con mucho sentido de la historia y del rol que jugamos dentro de la coalición. No por nada tenemos más de un precandidato de nuestras filas y otros liderazgos de la coalición, que están atentos a lo que los socialistas resolvamos.

Los mecanismos no se decretan: se acuerdan entre todos. Los mecanismos se definen desde la política, dialogando, buscando acuerdos y construyendo mayorías, siempre en el seno del Partido.

Eso es lo que hemos hecho y por cierto que ha requerido tiempo. El Partido de Allende tiene una responsabilidad histórica y actuamos en consecuencia.

Esa es la convicción que está detrás de la resolución de nuestro Pleno de noviembre y es la misma convicción que me impulsó a presentar el proyecto de primarias obligatorias municipales, en mayo del año pasado.

Compañeras y compañeros,
Le corresponde a este Pleno decidir si mantiene vigente la resolución del anterior Pleno de noviembre, adoptada por amplia mayoría, y ratificada por la mayoría de la Mesa, el jueves pasado, o bien revisarla.

Confío en que haremos un debate con altura de miras, con el debido respeto y fraternidad. Aquí no sobra nadie y ningún punto de vista puede ni debe ser excluido.

Cada uno de los integrantes de este Pleno podrá tener una opción legítima, dentro de la diversidad que siempre nos ha caracterizado, pero lo importante es salir de este encuentro con un mecanismo ampliamente aceptado.

Sé que podemos hacerlo. Asumamos esta responsabilidad con la mirada puesta en nuestra tradición democrática, y al mismo tiempo, con la certeza de buscar el triunfo. El país igualitario e inclusivo que queremos, merece ese esfuerzo.

Muchas gracias!

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