CREAR SOCIEDAD ENTRE TODOS

27 de Noviembre de 2014
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Sra. Presidenta de la República, Michelle Bachelet Jeria.
Sr. Presidente de la Corte Suprema, Sergio Muñoz Gajardo
Sr. Presidente del Directorio de ICARE, Guillermo Tagle Quiróz

Estimadas y estimados,

Quiero, en primer lugar, agradecer a Guillermo Tagle y a los organizadores de ENADE 2014 la invitación a participar de este foro tan relevante. Quiero felicitar la iniciativa de invitar a los tres poderes del Estado a reflexionar y debatir, en un evento empresarial de esta importancia, acerca de nuestra sociedad y su futuro.

“Affectio Societatis”, “Crear Sociedad Entre Todos”, es el concepto que atraviesa esta versión de este encuentro empresarial, en el que por primera vez somos invitados a dar nuestra visión los máximos representantes de los poderes Judicial y Legislativo, en una jornada que cierra con la intervención de Su Excelencia, la Presidenta de la República, Michelle Bachelet.

Un concepto y un encuentro que representan en toda su dimensión el período que estamos viviendo. Un período de grandes cambios, motivados por la propia evolución y desarrollo que ha tenido la sociedad chilena en estos años.

Porque a eso es a lo que se nos invita hoy: a mirar nuestro país y a buscar, entre todos, los mejores caminos para emprender las necesarias reformas que éste requiere.

Estoy segura de que todos en esta sala compartimos ese propósito.

El esfuerzo, a mi juicio no es menor: tenemos que actualizar el pacto que une a nuestra sociedad, que da sentido a lo que hacemos y que legitima nuestras decisiones y nuestras instituciones frente a los ojos de la gente.

Por eso es tan relevante esta conversación y la voluntad de ustedes de invitarnos esta tarde. Porque los empresarios son también actores claves en este proceso de actualización.

“Crear sociedad entre todos” -como es el lema de esta ENADE 2014- es un imperativo en el Chile de hoy.

Podemos plantearnos hoy esos desafíos desde los cimientos de lo ya construido. Porque han pasado 25 años desde la recuperación de la democracia y los chilenos hemos sido capaces de mantener el más largo período de estabilidad política de nuestra historia. Soy de aquellas que se enorgullece de lo que hemos avanzado en este perìodo.

Han sido años de duros debates, pero siempre dentro de los espacios que nos da la democracia. Debates que han hecho posible avanzar en modernizaciones, que hace un cuarto de siglo podrían haber sido sólo proyectos. Y con esa confianza, hoy podemos y debemos, hacernos cargo de los vacíos que nuestro propio progreso fue generando.

Porque como decía, hoy es tiempo de cambio. Luego de  25 años de democracia se avizoran nuevas tareas, nuevos desafíos y nuevos dilemas. Uno de los más grandes es cómo hacemos frente a una evidente y amplia brecha de desigualdad que mantiene, por ejemplo, a más de dos millones de chilenos en la pobreza, sin recibir los beneficios del crecimiento económico.

Un país no crecerá de manera sostenible ni estable, si no es capaz de ir modernizando las bases de la cohesión social en su interior.

La Cohesión Social tiene facetas muy concretas, las que hoy debemos reforzar, en particular cuando los ciudadanos dejan de sentirse representados por la autoridad y por las instituciones que sustentan nuestro sistema democrático.

La apatía, la indiferencia, pero también, la inestabilidad y la conflictividad, son algunas de las consecuencias que se ven en aquellas comunidades que no han sido capaces de actualizar el pacto social en su interior.

Es difícil hablar de cohesión social cuando una madre o un padre que se esfuerza por sacar adelante a su familia, que creyó en la promesa de la educación para sus hijos, ven cómo ésta no tiene la calidad que se prometía, y peor aún, cuando se entera que esa calidad depende de la capacidad de pago de su bolsillo. Aquí estamos frente a una promesa incumplida, no de uno u otro gobierno, sino de la sociedad entera.

Es difícil hablar de cohesión social a aquellas familias que tienen un familiar enfermo, o un adulto mayor a su cargo, y que sencillamente el sueldo no les alcanza para cuidarlo con la dignidad que se requiere.  Hay allí una garantía mínima que no se ha cumplido, y que se debería cumplir.

Difícil es hablar de cohesión social cuando la ciudad es poco amable con el ciudadano. Cuando el transporte, las áreas verdes, el deporte o la cultura, dependen del lugar en que se nace. Esa desigualdad territorial, que es tangible, que se ve y se aprecia en cada calle y en cada barrio, no es la promesa del Chile que todos aspiramos.

Más difícil aun es hablar de cohesión social cuando la seguridad personal y familiar no está garantizada por el Estado.

Entonces, construir Cohesión Social es fundamental.

Crear sociedad entre todos -como aquí se nos propone- es vital.

Construir un pacto compartido es esencial para que la sociedad funcione adecuadamente, para que exista estabilidad, para que exista ímpetu emprendedor, para que se genere compromiso con los trabajadores.

Y ese pacto compartido debe tener un correlato institucional. Es decir, debe plasmarse en diversas leyes y reglamentos que lo orienten y encaucen .Que le den estabilidad a las reglas de juego y hagan más manejable la incertidumbre propia del mundo global.

En toda sociedad se generarán conflictos y visiones encontradas. Por eso es tan importante que la institucionalidad que arbitre aquellas visiones sea apreciada como legítima y representativa por la sociedad. Porque si alguien ha de dirimir, el asunto que sea, en la materia que sea, ese alguien, esa institución, debe ser creíble y respetada por todos.

El Parlamento de Chile, desde el retorno de la democracia ha cumplido una tarea esencial para el funcionamiento del país. Sus integrantes han sido parte fundamental en las grandes transformaciones que han hecho posible el país de hoy. Los proyectos han sido recibidos, propuestos, analizados, evaluados, discutidos y largamente trabajados hasta convertirse en Leyes de la República. Hemos podido llevar adelante tareas altamente complejas y de gran responsabilidad, que han contribuido a una mejor calidad de vida de sus habitantes.

Hemos podido abrir Chile al mundo, hacerlo parte del comercio internacional para exportar y dar más oportunidades de competencia y de calidad de productos y servicios. Hemos contribuido a hacer de Chile un integrante de destacados foros mundiales y hemos abordado con sentido de Estado las complejidades que tiene la diplomacia internacional. El horizonte que nos mueve es lograr las mejores iniciativas para Chile.

Lamentablemente, y no es una percepción subjetiva, varias evaluaciones al comportamiento de la política en nuestro país revelan su profundo descrédito  y el del propio Parlamento.

El debate, la discusión deben ser siempre bienvenidos. Muchas veces quienes nos dedicamos a esta labor entramos en discusiones que nos hacen ver enfrascados en aventuras personales y sin ninguna relevancia, defendiendo privilegios, preocupados de lo urgente, pero no de lo importante.

Por eso es tan significativo el esfuerzo que estamos poniendo en llevar adelante esas reformas que se propusieron al país.

Nos planteamos la necesidad de aumentar nuestra carga tributaria. Lo dijimos durante la campaña de la Presidenta Bachelet y el país así lo refrendó en las urnas. Poco a poco, todos los sectores fueron reconociendo que para enfrentar los enormes desafíos del país en materia educativa y social, se necesitarían más recursos.

Ya lo demostró la discusión de la Reforma Tributaria, que pudo haber sido una batalla sin cuartel, y que terminó siendo aprobada ampliamente porque tanto la clase política como la sociedad civil, fueron capaces de entender lo trascendente que era para abordar la exigenciade allegar recursos en pro de conseguir una mejor educación y mejor salud para los chilenos.

Se demostró una vez más allí que pese a todas las diferencias, podemos alcanzar acuerdos con perspectiva histórica.

El desafío de actualizar nuestra institucionalidad lo estamos viendo, también, a propósito de la discusión del sistema binominal.

Si alguien dudaba de la poca credibilidad que lamentablemente genera nuestra institucionalidad política, los datos de participación electoral con voto voluntario despejan cualquier duda posible. Y parte importante del desprestigio se debe, precisamente, a nuestro sistema electoral, que genera comportamientos poco competitivos, y que atentan contra la democracia misma.

La historia larga en este caso dirá que la clase política supo ponerse de acuerdo. Créanme que no ha sido fácil. Los diputados que votaron a favor del cambio, saben que están hipotecando su propia reelección, al cambiar sus distritos drásticamente. Pero lo hicieron porque entienden que un sistema poco competitivo y poco representativo terminaría afectando la credibilidad de las instituciones, y por ende, también a la cohesión social.

En esa misma línea, estamos en deuda con la equidad de género en la política, y por ello valoramos que la Presidenta Bachelet haya incorporado el sistema de cuotas en esta reforma, y esperamos poder también considerar a los jóvenes y a los pueblos originarios.

La tercera gran reforma que hemos discutido este año es la reforma educacional.

Lo que hemos dicho desde la Nueva Mayoría es que Chile requiere una profunda revisión al esquema de funcionamiento de su sistema educativo.

¿Por qué revisar el sistema? Porque a nuestro juicio son demasiados los incentivos  que terminan generando un sistema de baja calidad y altamente excluyente.

Más allá de que tengamos visiones distintas sobre los mecanismos precisos para esta reforma –y como Presidenta del Senado garantizaremos que todas las voces sean escuchadas con respeto en este debate- lo concreto es que debemos reformar aspectos fundamentales del actual sistema.

Una sociedad se puede llamar genuinamente inclusiva cuando entre todos decimos: la educación es un bien público, es un derecho social, que entre todos debemos cautelar y preservar. Y donde ese bien público no está determinado ni por la cuna ni por la capacidad de pago.

Ese es el sentido profundo de la reforma educacional. Sé que se han generado resquemores. Algunos interesados, otros fundados. Lo relevante es que levantemos la mirada con amplia apertura y pensemos cómo nuestra sociedad garantiza buena educación para todos.

Otra materia indispensable de abordar en un país que avanza al desarrollo con cohesión social es el ámbito laboral.

De partida, necesitamos superar la enorme desigualdad que existe hoy en materia de acceso y trayectoria laboral, pues al final del día, del acceso al empleo dependerá la derrota de la pobreza y la superación definitiva de la desigualdad

Necesitamos una política de empleo activa de parte del Estado, con una intensa participación del sector privado, a nivel de todo el país, donde la capacitación laboral y la certificación de competencias jueguen un rol fundamental.

Pero también hay desigualdad en el ámbito de las relaciones laborales propiamente tal. Y ese desequilibrio termina no favoreciendo a nadie.

Y ocurre que o terminamos regulando en exceso, o los conflictos se terminan resolviendo de manera extra institucional, en circunstancias que todo aquello debiera ser objeto de una sana y fructífera negociación colectiva. Donde el sindicato y la empresa, en un plano de igualdad, puedan adecuar su funcionamiento interno a los requerimientos del sector específico.

Se trata, entonces de lograr un acuerdo que permita dotar de la legitimidad necesaria a un esquema de relaciones laborales, generando un equilibrio que perdure por varios años en esta materia.

Nada de lo que he señalado, sin embargo, se podrá realizar si no ponemos el foco, también, en las bases de nuestro crecimiento económico. El país necesita crecer. Y hacerlo de manera sostenida, sustentable y equitativa.

Si alguien cree que el acuerdo país no incluye trabajar más, trabajar mejor, crecer, desarrollar, fortalecer a la empresa privada y generar confianzas para la inversión, significa que no entiende lo que es el pacto social en una sociedad moderna.

El país tiene desafíos importantes en esta materia.

Es normal que las transformaciones generen incertidumbres. Pero, por favor, no exageremos esos niveles de incertidumbre, ni nos convirtamos en profetas del caos.

Son millones de chilenas y chilenos que quieren ser parte del desarrollo. Estudios diversos realizados por organismos de alto prestigio internacional nos dicen con frecuencia que los chilenos aceptan el libre mercado, pero que al mismo tiempo quieren tener bienes y servicios de calidad y quieren contar con instancias donde esas demandas de calidad puedan ser escuchadas y resueltas.

Pero el libre mercado ha revelado falencias. Y es precisamente en torno a esos aspectos donde el Parlamento ha tenido que hacer frente a numerosos proyectos que buscan fortalecer la regulación desde el Estado, originados habitualmente en eventos o situaciones que han dejado en evidencia la vulnerabilidad de las y los ciudadanos, y también de inversionistas minoritarios e institucionales.

Ustedes son parte del empresariado chileno. Vuestros lideres  expresan habitualmente su malestar por lo que consideran un clima anti empresarial. Quiero señalar que creo que ningún dirigente político razonable puede promover un ambiente de esa naturaleza frente de los desafíos del progreso. Y por eso les pido que se pregunten por qué puede existir ese clima, despejando los prejuicios y realizando un ejercicio de la autocrítica. Autocrítica, por ejemplo, frente a los abusos que una parte de la población percibe y que se expresan con frecuencia en reclamos ante organismos de defensa de los consumidores.

Autocrítica, también en el trato que muchas veces reciben trabajadores de parte de algunos empleadores y que son fuente de conflictos y reclamos ante entidades supervisoras.Las demandas y los reclamos de trabajadores no son una conspiración para horadar la imagen de la empresa privada. También tienen fundamento y deben ser atendidos, sin que para nada tengamos la conducta irresponsable de generalizar,a partir de los casos de connotación pública, una conducta mayoritaria.

No creceremos sostenidamente si no somos capaces de fortalecer nuestra institucionalidad económica. Aún así, no creo que la solución sea exclusivamente la regulación, porque se corre el riesgo de potenciar actitudes que puede llegar a paralizar la inversión.

Miren lo que nos pasa en materia energética o ambiental. Muchas veces lo que apreciamos de parte de la ciudadanía es una desconfianza profunda en todo el sistema de permisos y aprobaciones. ¿A qué nos lleva aquello? A la judicialización de cada trámite, de cada proyecto.

Fui electa senadora por una circunscripción eminentemente minera, la Región de Atacama, donde hemos visto a diario cómo el auge ha ido decreciendo, con las duras consecuencias sociales que ello tiene. Ese ciclo también está cruzado por dos fenómenos que coexisten y que vienen a ser parte de uno de los  dilemas del Chile actual: iniciativa privada responsable versus barreras burocráticas o “permisiología”.

Les voy a dar un ejemplo. De acuerdo al Banco Mundial, para la gestión del agua, existen 43 actores institucionales que cumplen con 104 funciones, lo que demuestra la necesidad de una permanente modernización del Estado.

Pero por otro lado, hay empresas que desarrollan sus proyectos sin poner atención  en el cuidado del medio ambiente y de las comunidades cada vez más exigentes y empoderadas, o desarrollando planes que solo buscan  la maximización de utilidades en el corto plazo.

Estimadas y estimados,

La experiencia de décadas de dura confrontación y dolores –entre otros, la muerte de mi padre y de miles de chilenos- nos han fortalecido para sortear las barreras que nos pone la historia y en nuestra convicción de la importancia del dialogo que nos permite compartir sueños de futuro.

Con mucho esfuerzo, Chile ha logrado avanzar en un camino que lo lleva hacia el desarrollo con justicia social. Que quiere crecer y que quiere incluir a todos a la vez. Que desea insertarse con éxito en el mundo moderno. Que valora a sus empresas, que valora su empuje, que entiende que la economía moderna requiere dinamismo y competencia. Y que está igualmente consciente de que los frutos de ese desarrollo deben llegar a todos.

De nosotros depende seguir construyendo ese camino. Sé que en materia política, educacional o laboral lograremos reformar lo que hay que cambiar, y emprender un camino seguro hacia el desarrollo.

Sé que sabremos. entre todos, prestigiar nuestras instituciones y recuperar  nuevamente la confianza plena de la ciudadanía.Y hacer de nuestro país, un espacio más próspero y justo para todas y todos.

Muchas gracias.

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