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Por Un Sistema Previsional Sin Discriminación De Género

Viernes 14 de Abril de 2017 | Actualizado el 25/10/2017 a las 16:23:46
Columna de la Senadora Isabel Allende Bussi acerca de los cambios que se requieren realizar para no continuar discriminando a las mujeres en materia previsional en Chile, considerando una futura reforma.

La discusión en torno a una reforma al sistema de pensiones debe tener presente la situación precaria que sufren las mujeres. Hoy en materia previsional tienen una posición desmejorada respecto a los hombres, y esto trae como consecuencia que se reciba una pensión mucho menor en relación a éstos, existiendo una brecha que da cuenta de un sistema discriminatorio.

Son diversos factores que inciden. Uno de ellos es la menor inserción que tienen en el mundo laboral, a lo cual se suma que aquellas mujeres que se logran insertar, lo hacen de una manera precaria. En el año 2015, la tasa de participación de la mujer en promedio fue menor al 50%, mientras tanto en los hombres fue de un 70,7%. A esto se suma, que en ese año la tasa de desocupación fue mayor para la mujer de 6,8%, mientras que la de los hombres fue de un 5,8%.

La segmentación del mercado laboral según género, conocida también como la “división sexual del trabajo”, es otro factor que incide en las diferencias previsionales de género. Esto se traduce en el tipo de empleos que tenemos, el cual se encuentra centrado en el área de comercio, servicios e industria; recibiendo por la misma labor que los hombres, sólo un 70% de su remuneración.

En promedio, la diferencia en la hora de trabajo entre hombre y mujer es de un 30%, brecha que va en aumento a mayor nivel educacional, lo cual puede ayudar a desincentivar el esfuerzo por contar con estudios de post grados. Otro problema que hay que atender, es que la mujer en su vida laboral sólo trabaja remuneradamente un 40% de sus años de vida activa, mientras que para el hombre es un 74%.

Todas las cifras citadas anteriormente han producido una falta de cobertura previsional en la mujer, porque contamos con largas lagunas previsionales. Ello, junto a la precarización de los empleos femeninos tienden a ser mayoritariamente informales o contratos que no reflejan realmente el ingreso que corresponden. Ello trae como consecuencia que al momento de la jubilación, las pensiones de las mujeres siempre son menores en promedio que la de los hombres, reiterando la discriminación laboral y social de género.

Asimismo, las AFPS agudizan el problema, al aplicar tasas de mortalidad de 30 años luego de las jubilaciones, y a la hora de calcular el monto de las pensiones, siempre resultan menores a las de los hombres.

El problema proviene de una cultura patriarcal existente en la sociedad, que sigue vinculando como principal rol de la mujer el cuidado del hogar y los hijos, reflejando la precariedad previsional de las mujeres.

En los últimos años hemos visto cambios culturales en el hogar y la familia. Hoy cada vez más mujeres han aumentado su rol como jefas de hogar. Además, existe un mayor número de familias monoparentales a cargo de mujeres. Por lo cual urge una reforma al sistema por uno que también tenga como énfasis la protección de la mujer.

Para reducir esta discriminación, una propuesta previsional debe tener componentes de solidaridad y poder revertir dicha situación, ya que el sistema de capitalización individual actual, agudiza las brechas.

Una alternativa es la existencia de contratos de ahorro colectivo previsional, que agregue componentes de solidaridad al sistema y permita ir en ayuda de las mujeres que tengan una menor pensión, postura que hemos tenido en común como Bancada de Senadores Socialistas.

El Ejecutivo también ha adelantado su propuesta, la que elevará en un 5% las cotizaciones previsionales de las mujeres, porcentaje que es carga del empleador. Parte de este monto iría en subsidio a las pensiones de las mujeres a través de un “Bono Mujer”, el cual aumentaría dichas pensiones.

Debemos resistir la presión de la Derecha, que busca que este subsidio sea a costa de aumentar la edad de jubilación de las mujeres, ya que dicha postura perdería el sustento de solidaridad que debe tener una reforma al sistema, porque haría recaer solamente en la mujer la carga de aumentar sus pensiones. Ello es responsabilidad de toda la sociedad por la exclusión en el mundo laboral que sufren las mujeres.

Una reforma, además, debe hacerse cargo de la diferencia existente de las tablas de mortalidad, debido a la mayor esperanza de vida que se calcula a la mujer, y que afecta en el monto de sus pensiones. O bien avanzar hacia una tasa de mortalidad uniforme, como hoy tienen la mayoría de los sistemas previsionales de los países de la OECD.

También ayudará a aminorar la discriminación previsional, reformas en materia de familia: al momento de decretarse el divorcio, se debe sumar a la compensación económica que debe pagar el marido a la mujer, quien por dedicarse al cuidado del hogar y a los niños no pudo trabajar o trabajó menos de lo que pretendía; una indemnización que incluya parte de las cotizaciones previsionales del marido para dividirlas en partes iguales, ya que en este caso la mujer no cotizó al cumplir otros roles dentro de la familia.

Otra propuesta es que, durante la vida en común de los cónyuges o convivientes, las cotizaciones que reciba un hombre por su trabajo, sea dividida en términos iguales con la mujer que se encuentra dedicada al hogar. Estas propuestas irán en ayuda de la mujer que, por ser dueña de casa, no ha cotizado, encontrándose en una situación precaria al momento de jubilarse.

Llegó el momento que como sociedad nos hagamos cargo de la discriminación de género que tiene el actual sistema, para equiparar la situación previsional entre hombres y mujeres, lo cual debe ser un foco de las propuestas previsionales que surjan. 

Publicada en Diario La Tercera, 12 abril 2017