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Trabajando por el Cambio que queremos

Viernes 18 de Mayo de 2018 | Actualizado el 18/05/2018 a las 12:58:42
Intervención de la Senadora Isabel Allende Bussi, en la inauguración del Comité para América Latina y el Caribe de la Internacional Socialista (IS), realizada en Montevideo, Uruguay, el jueves 17 de mayo de 2018, en su calidad de Vicepresidenta de la IS.

Comité para América Latina y el Caribe de la Internacional Socialista

“Trabajando por el cambio que queremos: Fortaleciendo las instituciones del Estado democrático, asegurando los derechos y las libertades, y acrecentando el bienestar”.

Montevideo, Uruguay - 17 y 18 de mayo del 2018

Senadora Isabel Allende Bussi
Vicepresidenta de la Internacional Socialista
Partido Socialista de Chile

Estimados Presidente del Comité Latinoamericano y Canciller de República Dominicana, Compañero Miguel Vargas.
Estimado Secretario General de la IS, Luis Ayala.
Compañero anfitrión, Senador Rafael Michelini. 
Compañeras y compañeros de Nuevo Espacio, gracias por acogernos estos días.

Queridas compañeras y compañeros de América Latina y el Caribe:

Soy portadora como Vicepresidenta Mundial de la Internacional Socialista de un fraternal saludo del Partido Socialista de Chile al participar en este Comité Latinoamericano de la Internacional Socialista, al que concurren compañeros y compañeras de diversos lugares de la región. Además, Montevideo es un lugar privilegiado para reflexionar y dialogar sobre nuestro rol, el de nuestros partidos, la socialdemocracia y el socialismo en función de los cambios que queremos.

Hoy es un momento de reflujo para la región, expresado en diversas elecciones presidenciales. Así fue en Costa Rica, El Salvador, Perú, Chile y Paraguay, y tenemos desafíos electorales en Colombia,México, Brasil, y eventualmente Venezuela, que están dibujando un nuevo mapa político de América Latina entre derechas e izquierdas.

Al parecer, no expresamos con suficiente fuerza y convicción qué rol debería tener el Estado, la importancia de la democracia, y el crecimiento con inclusión social y la seguridad ciudadana.

Están en juego nuestros proyectos, nuestras ideas, nuestros valores, los que están siendo sometidos al escrutinio ciudadano en democracia. En el caso de Chile, no sólo hemos sufrido una derrota política, sino también social y cultural.

Compañeros y Compañeras:
Un proyecto de país desde el mundo progresista debe partir necesariamente de un diagnóstico sincero.

Nuestros países –unos más que otros- experimentan una crisis de confianza con el funcionamiento de los sistemas políticos y observamos un avance de las fuerzas conservadoras.

En Colombia hemos sido testigo del esfuerzo de nuestros compañeros, que responsablemente han liderado el diálogo y el proceso de paz.

En México, la indiferencia de la Justicia frente a los 43 jóvenes desaparecidos y encontrados en fosas comunes, es inaceptable. Esto indica que la debilidad de las instituciones democráticas está contribuyendo a vulnerar los derechos humanos.

En Nicaragua, donde ocurrió una revolución esperanzadora, se atraviesa por una crisis tanto en sus instituciones como en su liderazgo. La represión emprendida por el gobierno de Daniel Ortega, especialmente contra su juventud, ha generado decenas de muertos y presos, que dan cuenta de la debilidad del régimen y el carácter autoritario que ha adquirido.

En Brasil veremos si la Justicia mantiene o no su independencia del poder político y económico, ya que a partir de dudosos procesos judiciales, resolvió la dimisión de la ex Presidenta Dilma Rousseff y, la inhabilitación y encarcelamiento del líder político, Lula Da Silva.

En Venezuela, dependerá de los esfuerzos de la comunidad internacional por lograr un acuerdo en torno al diálogo democrático entre el gobierno y la oposición. Hoy esta crisis mantiene a la nación en una encrucijada, donde las instituciones democráticas, los derechos y libertades están conculcados para gran parte del país.

¿Qué sienten los ciudadanos en Chile y en otros países de América Latina?

Que la política ha perdido prestigio y centralidad. Existe, por consiguiente, crisis de representación, y los partidos en su forma tradicional de intermediación entre la sociedad civil y el Estado, han perdido importancia.

Que el concepto de Estado/nación con hegemonía sobre la sociedad nacional y su peso cualitativo ha perdido relevancia. Es decir, el poder de las instituciones ha disminuido.

Que existe, por parte de la sociedad civil, una fuerte demanda de participación en la toma de decisiones, en la creación de canales que permitan una mayor deliberación e inclusión,

Que existe una demanda en los países con un fuerte centralismo por una efectiva regionalización, posibilite que el poder sea más horizontal.

Al mismo tiempo, hay casos graves de corrupción que afectan transversalmente a todos los partidos políticos. Esto ha significado limitaciones en su rol de incidir por mejores sociedades y de liderazgos que encarnen coherentemente nuestros valores.

Todo esto ocurre en medio de una mutación cultural de nuestras sociedades. El ciudadano, más informado y más exigente, se comunica y cohesiona a través de redes, al margen de los partidos, de los sindicatos y gremios, con los cuales deberemos buscar mejores formas de entendimiento.

Por consiguiente se hace necesario alcanzar una nueva relación entre la sociedad y las instituciones del Estado. Hemos sostenido que la democracia como sistema de gobierno es el ámbito político-cultural donde hacer las transformaciones que dan respuesta a las necesidades sociales no resueltas.

Las transformaciones necesarias y reclamadas por nuestra ciudadanía requieren de coaliciones mayoritarias que las dirijan. Solo un amplio apoyo social puede dar legitimidad y sustentabilidad a los cambios que las organizaciones queremos implementar. En el ámbito político, una coalición lo más amplia posible, con capacidad de liderazgo y un proyecto de país compartido y convocante de la ciudadanía, para hacerlo viable.

Asimismo es necesario atender fenómenos como la subjetividad, la individuación, los afectos y los temores como rasgos que llevan a los seres humanos a tomar decisiones políticas. La aspiración a la pura y fría racionalidad no existe.

Por otra parte, un nuevo proyecto debe contemplar la construcción de un Estado social y democrático de derechos, que considere la participación ciudadana en la toma de decisiones nacionales y regionales. Como señala Noam Chomsky, es la sociedad organizada el mecanismo de cambio institucional y cultural.

Es indispensable proponer a la ciudadanía una nueva estrategia de desarrollo o un nuevo modelo. No nos hemos sacudido totalmente del peso del neoliberalismo. Esto significa darle un nuevo sentido al rol del Estado frente al mercado y la sociedad.

En América Latina, el proyecto debe considerar la sustitución de los modelos de desarrollo, corrigiendo la histórica explotación de materias primas, por la industrialización con valor agregado, apoyando y fortaleciendo la innovación e investigación, área fundamental en que estamos rezagados.

De igual forma, es importante incluir el compromiso con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, orientada a poner fin a la pobreza y el hambre, velando para que todas las personas puedan desarrollar sus potencialidades con dignidad e igualdad. Asimismo, proteger nuestro planeta contra la degradación y adoptar medidas urgentes frente al cambio climático, uno de los mayores riesgos que enfrentamos y que llegó para quedarse.

A su vez, es necesario reiterar nuestros valores y compromisos respecto a la igualdad de género; minorías étnicas y sexuales; el matrimonio igualitario e identidad de género.

De hecho, la igualdad de género se ha expresado con mucha fuerza en nuestro país, en el resurgimiento del movimiento feminista, encabezado por dirigentas estudiantiles con la toma de 14 universidades y algunos colegios, y la exigencia de protocolos que regulen la convivencia, donde se destierre la cultura machista tan arraigada, la invisibilidad de las mujeres, el acoso y el abuso sexual. Esto ocurre al margen de nuestros partidos que, una vez más, quedamos desconectados de lo que ocurre en el mundo social.

Por otra parte, América Latina registrará este año un aumento del Producto Interno Bruto (PIB) de 1,4% y en 2019 de 2,5%, de acuerdo con las proyecciones más conservadoras.

Este dinamismo de la economía de la región estará promovido por algunos factores externos como el crecimiento global que impulsará la demanda, la baja volatilidad en los mercados financieros y el aumento del precio de las materias primas.

A comienzos de mayo, en su reunión en La Habana, la CEPAL señaló que la región de América Latina y el Caribe enfrenta un escenario de oportunidades e incertidumbres globales, en un momento en que sus economías requieren transformaciones profundas y urgentes.

Compañeros y compañeras:
Avanzar por un camino de mayor igualdad no es sólo un imperativo ético; es también,una condición necesaria para acelerar el crecimiento, la productividad, internalizar la revolución digital, transitar hacia la sostenibilidad ambiental con un marco institucional legitimado, que permita actuar en un mundo que se conjugan grandes desequilibrios con enormes posibilidades.

Este nuevo mundo está dominado por las tecnologías de la información y el conocimiento (TIC), cuyo desarrollo ha dado origen a la Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por un cambio tecnológico de tal magnitud, que incide en todas las dimensiones del hacer humano y en las instituciones del Estado.

La globalización, de la mano de las TICs, ha expandido el comercio y la economía financiera, influyendo en las tasas de crecimiento y desarrollo. En América Latina han incidido en la disminución de la pobreza y la extrema pobreza, lo que ha significado que entre las décadas del 90 y el 2000, 60 millones de pobres latinoamericanos pasaron a ser clase media, aunque con altos riesgos de vulnerabilidad.

A su vez, las TIC’s facilitan el acceso a la información y el conocimiento, generando mayor capacidad ciudadana para discrepar o coincidir con sus representantes, manifestarse masivamente, exigir soluciones y proponerlas.

Sin embargo, uno de los efectos más complejos que comienzan a producir es la progresiva desaparición de millones de empleos, los que serán sustituidos por la mecanización de los procesos de producción de bienes y servicios, generando un incremento de la productividad, pero una alta cesantía entre quienes queden obsoletos respecto a estas nuevas formas de trabajo.

Los socialistas le asignamos un rol y un valor superior a las instituciones democráticas, siempre y cuando no vulneren los derechos esenciales de los ciudadanos. Ellas deben promover y reguardar el desarrollo de las capacidades del conjunto de la población, y ampliar oportunidades, erradicando cualquier índole de segregación o discriminación.

Por ello, lo que hagamos en este primer cuarto de siglo será la base de nuestra vigencia como proyecto político para el siglo XXI.

Debemos enfrentar la tendencia a la concentración de la riqueza, en un mundo cada vez más interconectado, que genera desequilibrios que pueden volverse explosivos. No podemos ignorar los escalofriantes niveles de violencia que afectan a nuestros pueblos, como asimismo nuestro compromiso con la seguridad ciudadana.

La imposibilidad de entendimiento entre pueblos o credos suele tener como uno de sus sustratos, la profunda desigualdad en las oportunidades y condiciones de vida. No cabe duda, que así como en Europa, nuestros proyectos están en una profunda crisis, en América Latina los socialistas no tenemos una respuesta clara. ¿Somos aún el referente político capaz de resolver a través del fortalecimiento de un Estado Social de Derechos y Democrático, la distribución del ingreso en el mundo?

Es indispensable reafirmar en la elaboración de nuestro proyecto progresista, una nueva articulación entre sustentabilidad ambiental, estructura productiva y régimen de bienestar.

A nivel regional debemos hacer nuestros máximos esfuerzos por erradicar todo proyecto proteccionista en lo económico y contrario a la libre circulación de las personas y acogida de ellas. Por eso, como humanistas que somos, no podemos ser indiferentes a los miles de refugiados que buscan re-establecer sus vidas, fuera de sus naciones.

Compañeras y compañeros, amigas y amigos:
En América Latina el respeto a los derechos humanos y al ejercicio de la democracia plena son cuestiones fundamentales para los socialistas, considerando las dictaduras que sufrimos en anteriores décadas.

Más aún, el socialismo implica democracias robustas e instituciones fuertes que garanticen derechos, libertades, y aseguren el bienestar de las y los ciudadanos en todo el mundo.

La noción misma de socialismo hoy es inseparable del respeto pleno de los derechos humanos. Si algo aprendimos los socialistas que sufrimos dictaduras, es que el socialismo sin democracia no es socialismo.

Muchas gracias.