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Homenaje A Salvador Allende En Su 103º Natalicio

Martes 28 de Junio de 2011 | Actualizado el 28/10/2017 a las 19:21:18
La Senadora de Atacama, Isabel Allende, fue la oradora central en el acto realizado el 26 de junio de 2011, en la comuna de San Joaquín, donde se inauguró la obra escultórica realizada por el artista Oscar Plandiura.

Estimadas compañeras y compañeros, estimadas amigas, estimados amigos,

Quiero agradecer, en primer lugar a nuestro amigo Sergio Echeverría, Alcalde de San Joaquín; a Raúl Brito, Presidente del Comité Natalicio Salvador Allende; a Johnny Labra, Director de la Corporación Cultural de San Joaquín; a la Corporación Tres y Cuatro Álamos; al Comité de Derechos Humanos “Cardenal Raúl Silva Henríquez”; a diversos amigos que contribuyeron generosamente y de manera especial a Oscar Plandiura, artista que ha realizado esta magnífica obra escultórica del Presidente Allende, que estamos inaugurando.

Quiero además saludar a todos los presentes, compañeras y compañeros, amigas y amigos, que nos acompañan en esta mañana, y valorar su presencia a 103 años del natalicio de mi padre, el Presidente Salvador Allende Gossens.

Asimismo, quiero agradecer también el importante esfuerzo que cada uno de ustedes y sus organizaciones han realizado para que hoy estemos, en un lugar tan simbólico, donde confluyen las avenidas Salvador Allende y Las Industrias, en la comuna de San Joaquín, una comuna popular que representa hoy, ese pueblo que el “Chicho” tanto quiso.

De igual manera, quiero expresar que esta magnífica obra simboliza la imagen de un hombre consecuente, que da cuenta de los valores y principios de justicia social, de libertad y de igualdad, que él siempre sustentó.

Su compromiso político comenzó muy tempranamente como dirigente estudiantil secundario y universitario. Fue fundador del Partido Socialista de Chile en Valparaíso, diputado, Ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social del gobierno de Pedro Aguirre Cerda, y durante más de 20 años, senador de la República representando zonas del norte, el centro y el sur, llegando a ser Presidente del Senado.

Fue un pionero de la salud pública al comprender que las enfermedades no eran un problema individual, sino que expresaban las debilidades de un sistema que reflejaba la pobreza y la miseria en que vivía gran parte de la población, que incidían principalmente en la desnutrición materno-infantil y las malas condiciones higiénico-sanitarias. De ahí la importante medida del medio litro de leche, que permitió erradicar definitivamente la desnutrición en nuestro país, y que ha sido reconocida por la OMS como una iniciativa fundamental para reducir la pobreza, y de la cual hasta hoy se benefician los niños y las madres de Chile.

Desde su gobierno impulsó un programa de profundo cambios sociales frente a una sociedad injusta y que le permitió alcanzar importantes logros en salud, vivienda, educación, en la redistribución del ingreso, en la reforma del agro y en la recuperación de las riquezas mineras a través de su nacionalización. Su política exterior fue soberana e independiente, sustentada en principios como la solución pacífica de las controversias, el respeto a la soberanía de los países.

Hoy cuando estamos a punto de cumplir 40 años de la nacionalización del cobre, quiero destacar que fue realizada con aprobación unánime del Congreso en un gran acuerdo nacional, trascendental que nos permitió recuperar el cobre, “el sueldo de Chile” como lo llamaba el Presidente Allende, para usarlo en beneficio de la mayoría del país. Hoy, a pesar que sólo producimos un tercio a través de CODELCO, la más grande empresa pública del mundo, y el resto está en manos privadas, su nacionalización nos ha entregando más de US$ 86 mil millones al país, que nos ha permitido financiar las políticas sociales. Seguirá pendiente el desafío de contar con un verdadero royalty que genere los recursos necesarios para el desarrollo del país, y recuperar las ganancias excesivas que se llevan las empresas privadas.

El proyecto político de Salvador Allende alcanzó un gran arraigo en la población, especialmente entre los sectores populares, basándose en el apoyo de una mayoría consciente. Al respecto decía: “Rechazamos nosotros los chilenos, en lo más profundo de nuestras conciencias las luchas fratricidas… el respeto a los demás, la tolerancia hacia el otro, es uno de los bienes culturales más significativos con que contamos…”.

Sin embargo, fue una época de sectarismos, sabotajes y conspiraciones. Fue uno de los momentos más complejos de nuestra historia, con momentos de muchas luces y sombras, en la que el gobierno de la Unidad Popular tuvo que lidiar en varios frentes: la sedición de la derecha golpista; el embargo y el hostigamiento del gobierno de Nixon; y la incomprensión de la ultraizquierda.

Hoy hemos comprendido que los cambios profundos requieren de amplias mayorías, y la democracia es el espacio y el límite del quehacer político.

El gobierno de la Unidad Popular y su proyecto político constituye uno de los momentos más singulares de la trayectoria del país, caracterizada por las grandes manifestaciones populares, la cultura y los artistas como motores de los cambios, y la consolidación de una gran organización sindical y una universitaria, trabajadores y estudiantes a lo largo de todo el país. También, los mil días de la Unidad Popular fueron días donde las chilenas y los chilenos sintieron que construían un Chile distinto de la mano del Compañero Presidente, como el pueblo lo llamaba y sigue llamándolo. Quilapayún, Víctor Jara, Intillimani, el Museo de la Solidaridad, las ediciones masivas de Quimantú, el Centro Cultural Gabriela Mistral –hoy recuperado y en pleno uso- son algunas de las múltiples expresiones artístico-culturales que enmarcaron su gobierno.

Salvador Allende valoraba la educación pública gratuita como una responsabilidad preferente del Estado, que es una de las grandes demandas que hoy hacen los jóvenes estudiantes, educación de calidad, gratuita y laica, no la educación entendida principalmente como un negocio con fines de lucro.

Salvador Allende constituye parte de nuestra identidad cultural como nación, por los ideales de justicia que defendió, por los principios que orientaron su vida y por la consecuencia que lo caracterizó. Intentaron sepultar su recuerdo, intentaron difamarlo, borrarlo, omitirlo. No lo consiguieron.

Fue un hombre con profundo sentido ético de la política y, cuando las circunstancias lo exigieron, un sentido heroico. Fue un defensor de la democracia, la que entendía como un bien superior, y que a pesar de sus imperfecciones, solo a través de sus instituciones y normas era posible avanzar. Sostenía que la sociedad debía ser plural y que cada ser humano podía ser libre y detentador de dignidad y derechos.

Fue un pedagogo social, con su oratoria elocuente entregó conocimiento sobre la dura realidad chilena y una conciencia crítica que impulsara su cambio. Sin sectarismo fue un tenaz constructor de la unidad de amplios sectores de izquierda y progresistas que anhelaban, precisamente, profundas transformaciones hacia una sociedad más justa.

La figura del Presidente Allende sigue viva entre los chilenos. Los jóvenes lo admiran por su ética y por su consecuencia a lo largo de cincuenta años junto a su pueblo. En el centenario de su natalicio más de cuatro millones de votos lo eligieron como el chileno más importante de nuestra historia. Y al igual que en esta avenida que lleva su nombre, son muchos los lugares de Chile y el mundo que también lo han reconocido en plazas, escuelas, centros sociales, calles, organizaciones de bases e instituciones.

Rescatar nuestra historia y proyectarnos con fuerza hacia el futuro es una tarea prioritaria. Salvador Allende no es un mito sino una fuerza que está viva, si así somos capaces de asumirlo de cara al siglo XXI.

Pese a las pasiones que aún hoy existen en nuestro país, nadie puede negar su calidad de demócrata consecuente, defensor acérrimo de los más pobres y vulnerables, a quienes recordara en sus últimas palabras, agradeciéndoles su apoyo y señalando su confianza en Chile y su destino.

Su figura y su trayectoria política han trascendido fronteras. Su gesto de resistir en La Moneda es reconocido como uno de los testimonios más relevantes de la defensa de la democracia en el mundo.

Por ello, valoramos la decisión judicial de investigar por parte del Ministro Carroza los 726 casos de derechos humanos, entre ellas la muerte del Presidente Allende.

La memoria histórica es necesaria e imborrable. Debemos conocerla y reflexionar sobre lo que sucedió en nuestro país para enfrentar nuestro futuro.
Hoy Chile avanza hacia una común interpretación ética del pasado, expresada en el repudio a los crímenes cometidos, profundizando la democracia, el respeto a los derechos humanos y el Estado de Derecho. De esta manera construiremos el legado necesario para las futuras generaciones. No es con el olvido de los errores del pasado ni con la impunidad cómo los países sanan sus heridas y recuperan un sentido ético de su historia, sino que enfrentando la verdad, haciendo justicia, reparando a las víctimas y asumiendo el compromiso que nunca más se repita lo ocurrido hace casi cuarenta años.
A los políticos nos corresponde enfatizar el sentido ético y la responsabilidad de la política, para que no pierda su dignidad y nobleza en su esfuerzo por construir una sociedad al servicio de todos los seres humanos.

Hoy, cuando nuestra sociedad se está manifestando ampliamente en las calles, no puedo dejar de pensar lo orgulloso que se sentiría Salvador Allende por ver como la conciencia social de nuestros jóvenes y ciudadanos abogan por una sociedad más justa, con una mejor educación y salud pública, respeto al medio ambiente y a nuestros pueblos originarios, y a la diversidad, no a la discriminación.

Estimadas compañeras amigos, hoy me embarga una emoción muy grande. El duro esfuerzo que ustedes hicieron a través de múltiples actividades ha tenido como resultado esta gran obra escultórica realizada por Óscar Plandiura, en quien quiero simbolizar la voluntad y esfuerzo de todo un equipo por sacar adelante este monumento.

Esta obra tiene la virtud de mantener vivo el recuerdo y el ejemplo de un hombre que hizo de la política una actividad de lucha cotidiana a favor de la justicia, de la igualdad, de la solidaridad, del engrandecimiento de nuestra Patria no sólo para algunos, sino para todos, de una Patria sin pobreza, sin niños desnutridos, sin jóvenes carentes de oportunidades, sin ancianos abandonados, donde la mujer alcanzara su plena dignidad, y que nos dejó un ejemplo de entrega generosa a sus ideales.

Esta es una obra que se debe a su pueblo, aquel pueblo al que lo recuerda hasta el día de hoy, y por el cual Salvador Allende entregó su vida.

Muchas gracias, a nombre de la Familia Allende. Las generaciones presentes y futuras podrán conocer a través de esta escultura quien fue Salvador Allende y podrán leer sus últimas palabras, llenas de profundo contenido, plenas de emoción, pero sobre todo, llenas de esperanza en el futuro, ese futuro que nos corresponde construir a nosotros, las generaciones presentes y las generaciones futuras. Muchas gracias.

Foto: www.vilagrimaldi.cl