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Mientras La Luz De La Memoria Siga Viva, Nadie Estará Vencido

Lunes 12 de Septiembre de 2016 | Actualizado el 25/10/2017 a las 17:00:00
Discurso de la Presidenta de la República, Michelle Bachelet Jeria, en el marco de la conmemoración de los 43 años del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, en homenaje al Presidenta Salvador Allende Gossens y sus colaboradores.

Amigas y amigos:
 
Hoy, los ecos del más doloroso hito de nuestra historia reciente, resuenan entre estos muros, en los pasillos, en estos patios.
 
Hoy, marcada a fuego, literalmente, se enciende la memoria de este sitio, como el epicentro de una historia que duraría demasiado en nuestra patria.  
 
Una historia de división y de convivencia fracturada; una historia de horror, muerte y desaparición.
 
Una historia de abusos institucionales, ilegales, arbitrarios, vergonzosos para el Estado de Chile y sus instituciones.
 
Una historia terrible.
 
Y en medio de esa historia terrible, otras miles de historias luminosas de humanidad, resistencia, dignidad, solidaridad.
 
La historia de quienes eligieron la vida, de quienes jamás cesaron de hacerse preguntas, de buscar justicia, de creer que Chile podía y debía volver a ser una patria de paz, con garantías y respeto para cada ser humano.
 
Estos muros nos recuerdan historias que nos muestran lo más crudo de nuestra humanidad y también las gestas más conmovedoras de las que hemos sido capaces.
 
Historias que hoy se entrecruzan y que no podemos pero, sobre todo, no queremos olvidar.
 
Ésas son las historias que honramos y conmemoramos cada año en esta fecha, porque nuestra memoria es un poderoso instrumento para la paz.
 
Porque reconocer el pasado y traerlo al presente es también una oportunidad para resignificarlo y para valorar nuestra convivencia. Y porque nuestros muertos merecen, cómo no, que honremos su memoria.
 
Y que la honremos no sólo en este día, sino cotidianamente, como parte de nuestras rutinas, de nuestros diálogos con las ciudades y con los recuerdos.
 
Cuarenta y tres años han pasado desde que, en este mismo Palacio, se apagara momentáneamente la llama de la democracia, instalando la dictadura, el terrorismo de Estado y la arbitrariedad en el corazón de nuestra patria.
 
Parece mucho tiempo.  
 
Millones de chilenos han nacido y crecido después del golpe de Estado. Después, incluso, de la recuperación de la democracia. Somos una sociedad que hoy vive en libertad, sin miedo y con plena vigencia del Estado de Derecho.
 
¿Por qué, entonces, es fundamental recordar estos hechos?
 
Justamente porque es necesario legar a las nuevas generaciones la memoria de lo que hemos vivido, y el modo en que, como adultos, hemos sido o no capaces de resolverlo.
 
Porque ha sido ese pasado, y no otro, el que nos ha conducido hasta este momento.
 
Porque no podemos legar a nuestros hijos y nietos una nación fracturada, una nación que no reconoce su historia o que no se hace cargo de su pasado.
 
Porque tenemos, frente a nuestros hijos y frente a los que se fueron, la tarea de dar a la memoria el lugar que merece, de dar a la justicia la profundidad y el espacio que requiere, de honrar a nuestros muertos, sus nombres y sus luchas.
 
Y ésa es una tarea que corresponde a cada uno de nosotros: al Gobierno, a las instituciones, a los actores privados, a las ciudadanas y ciudadanos de todas las generaciones.
 
Desde el Gobierno y desde el Estado, hemos dado pasos sustantivos en materia de reconocimiento, verdad, justicia y reparación. Y queremos seguir haciéndolo.
 
Avanzar en una política integral de derechos humanos exige una institucionalidad a la altura, que pueda centralizar iniciativas y acciones en esta materia.
 
Por eso, en diciembre pasado firmamos la ley que crea la Subsecretaría de Derechos Humanos, que debe iniciar a fines de este  sus funciones.
 
He querido pedirle a Lorena Fries que se haga cargo de esta tarea, dando continuidad y nuevo impulso, desde el Gobierno, a lo que se ha venido haciendo en esta materia, y generando una interlocución fluida con organismos como el Instituto Nacional de Derechos Humanos y las diversas agrupaciones de quienes han sufrido vulneraciones en sus derechos o son familiares de víctimas de la dictadura.
 
Paralelamente, hemos querido hacer de la memoria una política de Estado, patente en todo Chile y que reconozca en cada territorio las cicatrices de lo que hemos vivido.
 
Y es por eso que estamos ampliando las Rutas Patrimoniales de la Memoria, de manera que podamos reconocer, en nuestros paisajes cotidianos, la vigencia de nuestra historia.
 
Acá mismo, bajo este Palacio de Gobierno, funcionó un centro de reclusión y tortura, que será parte de esta Ruta, junto con otros sitios de los que poco se habla y que, sin embargo, guardan tantas vivencias del dolor: como el subterráneo del BancoEstado, el subterráneo del ex Congreso o el mismo Ministerio de Bienes Nacionales, donde funcionó el Comando Conjunto.
 
Porque estamos convencidos de que la memoria no es una tarea sólo del pasado. Es, sobre todo, una tarea de futuro.
 
Porque memoria, respeto, reconocimiento, justicia y reparación son los cimientos de nuestra convivencia y no podemos pretender escribir la historia del mañana, prescindiendo de cualquiera de ellos.
 
Porque el Estado debe ser ecuánime, pero no puede ser neutral; el Estado se debe a los ciudadanos y la protección de sus derechos. Porque es, precisamente, para dignificar la vida humana y progresar como nación de libres que muchas y muchos dieron su vida para recuperar nuestra democracia.
 
Eso es lo que hemos aprendido de nuestra historia, y es esta democracia tanto tiempo anhelada y finalmente reconquistada la que hoy debemos honrar, perfeccionándola, haciéndonos cargo de sus carencias y dignificando sus procesos.
 
Y este Gobierno se ha hecho cargo de esta tarea.
 
Se ha hecho cargo de aquellas camisas de fuerza que constreñían nuestras libertades, como terminar con la nefasta herencia del sistema binominal;
 
Como asegurar que nuestros compatriotas fuera de Chile puedan votar en las elecciones presidenciales;
 
También fortaleciendo la educación cívica en nuestras escuelas, donde la formación en los derechos humanos tendrá un rol central;
 
O como permitirnos, entre todos, elaborar una nueva Constitución, que nos represente verdaderamente, una que nazca de la deliberación colectiva y que surja en democracia;
 
Y con una profunda Agenda de Probidad y Transparencia, nos estamos haciendo cargo de una crisis de representación que debilita el juego democrático y resquebraja las necesarias confianzas que deben marcar la convivencia de un pueblo soberano.
 
Confianza en la fuerza de las leyes, en el valor del diálogo, en la fuerza del voto, en la necesidad de la participación. Confianza en el que piensa como yo y también en quien piensa distinto.
 
Porque valorar, revitalizar y promover la democracia es también un ejercicio de memoria y de respeto a lo que hemos vivido. 
 
Porque mejorar y cuidar nuestra convivencia es garantizar que nunca más seremos una nación fracturada.
 
Porque es en ese encuentro permanente y complejo entre compatriotas, que podemos reivindicar cada día nuestros aprendizajes.
 
Ésa es la lección que nos ha enseñado el dolor del pasado.
Ése es el triunfo profundo de quienes perseveraron valientemente en defensa de la vida y la fraternidad.
 
Ése es el suelo sobre el que nos paramos hoy para proyectar nuestro futuro como país.
 
Tenemos la responsabilidad común, frente a las nuevas generaciones, de transmitir esa certeza, y debemos hacerlo con el ejemplo.
 
Porque en cada acción por nuestra democracia, por la unidad, por la capacidad de encontrar caminos de acuerdo, de hacer primar el diálogo frente a la confrontación, estaremos eligiendo la vida, la fraternidad y el encuentro y derrotando la violencia, el odio y la marginación.
 
Es por eso, por todo eso, que hoy Chile conmemora lo ocurrido hace 43 años. Aquello que nunca más volverá a ocurrir.  
 
Porque tenemos una certeza irrenunciable: mientras la luz de la memoria siga viva, nadie estará vencido y nada estará olvidado.
 
Muchas gracias.