Menú×

Noticias

Senadora Allende: La Reina De Los Ojos Verdes

Domingo 17 de Octubre de 2010 | Actualizado el 28/10/2017 a las 20:24:58
Directa, franca, autoexigente y exigente con los que trabajan con ella. Estudiosa y jugada por sus ideas. Estuvo detrás de las cámaras, pero presente en el campamento Esperanza, durante casi todo el período en que los 33 mineros estuvieron atrapados en la mina San José. Pese a su ascendiente y apellido, todos coinciden en que ya no vive a la sombra de su padre. Marcela Jiménez / LND

Entrevista realizada por Marcela Jiménez - La Nación Domingo

Siempre apareció en un rincón de la imagen, detrás del Presidente Sebastián Piñera o del ministro de Minería, Laurence Golborne, y a veces sólo se le veían sus característicos ojos verdes. Era la única en la televisión o en las fotografías de los diarios que no tenía puesta la ya clásica chaqueta roja que ocupan las autoridades de gobierno en terreno. La senadora socialista por Atacama, Isabel Allende, estuvo siempre ahí, en la mina San José, en el campamento Esperanza, desde que se desató la tragedia de los 33 mineros aquel 5 de agosto hasta que tuvo el feliz e impactante desenlace este 13 de octubre.

Allende conversó con las familias, los acompañó los 70 días que duró el trance y, salvo las veces que había sesiones en el Congreso y un viaje de cuatro días a Suecia, esa zona del desierto fue su domicilio.

Así como públicamente felicitó al gobierno por el despliegue hecho para el rescate y se abrazó emocionada más de una vez con Golborne o su par RN Baldo Prokurica, también advirtió en su momento que el tema no se supeditara a la agenda del gobierno. Es la hija menor de Salvador Allende, la que ha sido tres veces diputada, la misma que tiene fama de seca, dura, reservada, distante e incluso parca, razón por la que muchos la critican, pero que se ríe de buena gana cuando está en confianza.

En los pasillos del Congreso muchos le dicen “La Reina Isabel”, precisamente por esa impronta de distancia y seriedad que la rodea. “Tengo la impresión de que tiene una cierta timidez que la hace aparecer un tanto terca a veces, pero en el trato personal no es así”, aseguró el ex senador PS Jaime Gazmuri, quien la conoce desde la década del 70, más de treinta años de “una sólida amistad”, dice. Ella sabe de su sobrenombre y se ríe: “¡Sí! Muchas veces me han dicho eso (se ríe fuerte) ¡Ay! Prefiero tomarlo por el lado positivo, así como soy relativamente alta, más bien estilizada y uso pañuelos bonitos que me han regalado, hay algo de buen gusto en eso, espero que sea por eso” (responde a LND riéndose nuevamente).

De su imagen de distante se defiende reconociendo que hay algo de timidez en ella, pero que eso no le pasa cuando se encuentra con gente que es afectuosa, que le habla de su padre, “ahí me derrito y me produce profunda emoción”. Se sabe más silenciosa y rara vez asiste a cenas políticas, ni siquiera cuando en Valparaíso las sesiones terminan tarde. Isabel Allende prefiere recluirse. Es que, dice, a veces se pone a la defensiva, está cansada y necesita su espacio.

Nació el 18 de enero de 1945, capricornio de tomo y lomo, llena de energía, pero con los pies bien puestos en la tierra, directa, franca, autoexigente y exigente con el resto. Quienes han trabajado con ella lo confirman. Pero también apuesta por los equipos. “Es una persona que estudia, que le preocupa jugársela por sus ideas, trata de hacer equipos con los demás y va construyendo vínculos con muchas personas en función de eso”, relata el diputado PS Carlos Montes, quien conoció a la senadora en 1982, en México.

Cuentan que en alguna época en el mundo socialista le decían también “la Virgen María”, como parte de una broma interna de lo que llamaban “la Sagrada Familia” del PS, donde Montes era José y el senador Juan Pablo Letelier era Jesucristo, por su tradicional look de pelo largo.

Socióloga de la Universidad de Chile, hizo un máster en esta área en México, país en el que se exilió desde septiembre de 1973 hasta 1988, durante una pausa que hizo a su rol de vocera contra el gobierno militar en el extranjero junto a su madre, Hortensia Bussi, la “Tencha”, con quien siempre fue muy cercana. Con ella viajó mucho, hablaban a diario por teléfono hasta que murió en junio de 2009 y dicen que heredó su carácter, aunque a la senadora le habría gustado que le legara sus ojos. “¡Ojalá fueran los ojos de mi madre, no dio para tanto! Los de ella eran de color miel, los míos son más normales, medios verdes, pero los de ella eran especialísimos”, dijo a LND.

Dos veces se casó por el civil, en ceremonias que se hicieron en su casa de Guardia Vieja, donde vive hasta el día de hoy. La primera vez tenía 19 años y su marido era 13 años mayor. Con el segundo se fue al exilio, pero también se separó. Hoy y desde hace tiempo está sola, sin pareja, y por eso sus amistades y su familia son lo que le llenan la vida: sus hijos Gonzalo Meza y Marcia Tambutti, su sobrino nieto Fernando, su sobrina y concejal por Ñuñoa Amaya Fernández, la hija de su hermana Beatriz, que se suicidó en Cuba.

Devora libros, especialmente literatura, es austera, le fascina jugar Scrabble, arrancarse a su campo en Melipilla, viajar e ir al cine, gozar de la vida. Pero son otras cosas las que la definen, según quienes la conocen. “Es una mujer de gran carácter, de gran vocación política, muy trabajadora, estudiosa, muy buena para enfrentar sus objetivos y sus luchas”, la define Gazmuri.

A la sombra del padre

Mucho se ha dicho y escrito de aquel momento en que salió -junto a su hermana Beatriz- de La Moneda el día del golpe de Estado. Y desde ese momento, a ojos de Chile y el mundo, para bien y para mal, es la hija del ex Mandatario, de la leyenda. “Es muy digna, muy controlada, muy consciente de su rol como parlamentaria y como hija de un Presidente como Salvador Allende”, sentenció el diputado PS Sergio Aguiló, que la conoce desde la década del 80, cuando él era parte de la Izquierda Cristiana -partido clandestino en esa época- y se encontraron en algunas giras en el exterior.

Dicen que lleva con prestancia ese legado. Que heredó del padre su pasión por la política, su tolerancia, la mirada colectiva.

Pero la mayoría dice que ella no vive a la sombra de su padre, que en estos 20 años se ha ganado un espacio. “Tiene su propia personalidad, claramente. Está lejos de ser puramente la hija de Salvador Allende, ella es Isabel y ha logrado instalarse como tal en distintos temas, en distintos momentos”, precisó el diputado Montes.

La mayoría de las veces las urnas han sido generosas con Isabel Allende. En las parlamentarias de 1997 fue elegida diputada por el distrito 29 (Puente Alto) con el 35,57% de los votos y fue reelegida, cuatro años después, con una votación idéntica (35,09%), aunque fue en 2005 cuando arrasó en su distrito con el 43,49%. Después de tres períodos, se fue a las ligas mayores, compitió por un escaño en el Senado en diciembre de 2009, una contienda que se sabía iba a ser fuerte y difícil en la Concertación, de la que incluso se vaticinó su derrota, dado que su compañero de lista era el entonces parlamentario Antonio Leal y por fuera corría el ex DC Jaime Mulet. Pero salió elegida con el 26,79%.

“Adquirió personalidad política propia y eso lo demostró en la última elección parlamentaria, al ganar en Atacama. Es una persona que no busca aprovecharse de su condición de hija de Allende para que se le asegure un espacio en la política, la última campaña demostró eso, ahora es senadora por su esfuerzo personal”, añadió Gazmuri.

Cuando retornó a Chile del exilio poco antes del plebiscito, el nombre de su padre era casi tabú. Hoy las cosas han cambiado y si tiene que decir cuál es el mejor momento que ha vivido en estos veinte años, en la lista aparecen varios triunfos de la Concertación; el día que una mujer, Michelle Bachelet, se cruzó la banda presidencial; fallos judiciales emblemáticos como el caso Letelier y el del general Carlos Prats. Pero lo cierto es que el proceso de reivindicación de la imagen del “Chicho”, como ella se refiere al ex Mandatario, es sin lugar a dudas -dice- el mayor logro. “Para mí lo más satisfactorio fue lo que hicimos poco a poco, primero el traslado de sus restos, después creamos la fundación, poco a poco fuimos abriendo espacios, hasta que hoy siento cómo se ganó la batalla. Un momento significativo fue cuando 4 millones de personas, libremente, votaron para escogerlo el chileno más importante del siglo XX y fue gente joven. La mayor satisfacción ha sido ir viendo que finalmente la historia, que habían manipulado los vencedores, la porfía de los hechos terminó dándola vuelta en el sentido que hoy todo el mundo reconoce la consecuencia, la ética, el hombre que tuvo sus principios, me da mucho gusto”, destaca la propia Allende.

Al borde de…

No muchos saben, pero tiene un problema en los pulmones, una suerte de debilidad que de tanto en tanto le provoca neumonitis y para lo cual debe forzadamente hacer reposo. Eso ha sido un tema, porque cuando recae, debe desaparecerse, le impide estar en terreno, lo que en el distrito de Puente Alto generó criticas por esa “discontinuidad” obligada que tenía su trabajo. Pero fue en abril de 1997 cuando pasó el susto su vida. Estuvo muy grave, fue sometida a cuatro cirugías muy complejas. Isabel Allende sufría de un molesto reflujo y se operó con el doctor Augusto Larraín, el mismo que intervino a Eduardo Frei Montalva a principios de los 80. Originalmente era un procedimiento ambulatorio, pero todo se complicó por un error quirúrgico. Dos veces fue operada para tratar de reparar el problema y fue finalmente el doctor Arturo Girón, el mismo que el 11 de septiembre estuvo en La Moneda con su padre, el que la ayudó, pero le costó más de dos meses recuperarse de ese episodio. “Terminé 21 días en el hospital, cuatro operaciones gravísimas y eso a uno le enseña en la vida. Me juré que iba a hacer una vida con calidad distinta y por supuesto que después, uno se olvida y termina igual, de acá para allá, es la vida que tengo ahora, pero me siento orgullosa”, relata la senadora.

Y es que desde que asumió el escaño en la Cámara Alta, pasa los martes y los miércoles en Valparaíso, los jueves toma un avión directo a Copiapó, donde se queda hasta los sábados en la tarde o el domingo al mediodía, según sea el caso. Tiene un departamento en el norte, se ha preocupado de que la gente vea que está siempre allá, como sucedió estos 70 días de la tragedia de los mineros. “Yo no llegué un día o fui tres veces, estuve casi los 70 días (…) con los familiares de los mineros hice mucha ligazón, en el sentido de que me sintieron cerca, de estar junto a ellos, no es que yo entrara en profundas intimidades, fui muy respetuosa de la gente, pero sintieron el cariño. Con la gente lo puedo transmitir cuando me siento cómoda y bien”, añadió Allende, quien tras el rescate de los 33 tampoco ha parado las reuniones y las entrevistas.

Para el diputado Aguiló, la permanente presencia de Allende en la mina se debe a varias cosas, “su condición de socialista, el compromiso que tiene con los trabajadores y porque ella se toma muy a pecho su condición de parlamentaria, de senadora de una zona minera”. Dice que las imágenes han sido injustas con ella, como con el diputado Carmona e incluso con el RN Carlos Vilches, porque “tengo la certeza de que también siempre estuvieron ahí”.

Ese año 2003…

Entre 1990 y 2009 ha ocupado distintos cargos en su partido, el PS. Primera vicepresidenta, vicepresidenta de la mujer, encargada de Relaciones Internacionales y de la Secretaría de Organizaciones Sociales. Desde 2006 se hizo la cara visible de la disidencia interna en el partido a la conducción del timonel, liderando el sector de “Grandes Alamedas”. Pero en esa ocasión sólo obtuvo el 37,2%, mientras que Escalona ganó con el 48,1%. Dos años después, en una contienda aún más tensa y llena de duras críticas y reproches, las urnas y la militancia no la acompañaron tampoco, obtuvo sólo el 28,6%, en circunstancias que el senador aseguró su reelección, una vez más, con el 57,7%. “Con Camilo han sido adversarios políticos en las luchas internas del PS, han tenido miradas distintas sobre las exigencias de democratización y apertura y en ese sentido han sido campañas fuertes. Pero creo que Isabel nunca ha llevado eso al terreno personal”, dijo Gazmuri.

Para ella el 2003 fue un año especial por distintas razones. Se cumplían 30 años del golpe, fue cuando finalmente se aprobó en el Congreso la Ley de Divorcio, proyecto que Allende había copatrocinado desde 1995, y fue elegida presidenta de la Cámara de Diputados, la segunda mujer en la historia de la Corporación en ocupar ese cargo, después de la PPD Adriana Muñoz. “Fue una muy buena presidenta de la Cámara de Diputados, le dio muchos vínculos al Congreso, es reconocida a nivel internacional y ella tiene talento y capacidad para las relaciones internacionales”, recuerda Montes.

Dicen que hasta los diputados de la UDI y RN terminaron dejando atrás sus aprensiones iniciales, y cada vez que era invitada a una gira al exterior, llevaba a alguno de la oposición y se sorprendían de lo bien que era recibida, casi una suerte de embajadora, que estuvieron dispuestos a votar por ella para que siguiera en la testera y no dudaron en aplaudirla cuando dejó el cargo. En esa época hizo buenas migas con el hoy subsecretario de Hacienda, Rodrigo Álvarez, y hasta hoy se llevan bien con su par de RN Lily Pérez.

A pesar de esa impronta rígida que muchos le critican, los funcionarios de la Cámara de Diputados valoran su gestión, la consideran preocupada de la gente y la recuerdan con cariño, porque desde la presidencia se preocupó por mejorar las condiciones laborales y de remuneraciones de muchos en la Corporación. “Fue increíble, un trabajo tremendo, bajé como cinco kilos, pero quede muy orgullosa y contenta”, dice a la hora de hacer su balance.

Para Gazmuri, los aportes de su amiga desde el Congreso son diversos. “Su compromiso con el tema de los derechos humanos, hay que recordar todo el esfuerzo que hizo para que se hiciera justicia, una persistente luchadora por los derechos de la mujer, ha tenido una participación muy activa en la vinculación del exilio chileno con el país, ha llevado en alto la bandera del voto de los chilenos en el exterior. Ha sido un sólido apoyo para los cuatro gobiernos de la Concertación y hoy la veo muy comprometida con su región”.

A sus 65 años, a Isabel Allende la siguen confundiendo con su famosa prima escritora y más de una vez le han pedido que firme autógrafos, pensando que es la autora de “La Casa de los Espíritus” o “De Amor y de Sombras”. A estas alturas de su vida tiene muy claro qué es lo que tiene pendiente en su vida: “¡Nietos!, ¡nietos!, ¡nietos!. Tengo a mi sobrino nieto, Fernando, pero lo veo poco. Tengo hijos grandes, completamente reacios a tener hijos, soy respetuosa de eso, pero me duele. Por suerte tengo a Fernando, que vivió conmigo casi cuatro años, ahora ya no y lo echo de menos”, reconoce. No tiene mucho tiempo en esta etapa de su vida y apenas logra verlo el domingo, un día como hoy.

http://www.lanacion.cl/senadora-isabel-allende-la-reina-de-los-ojos-verdes/noticias/2010-10-16/172733.html