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A Nuestro Querido Compañero Aniceto Rodriguez Arenas

Sabado 03 de Septiembre de 2016 | Actualizado el 25/10/2017 a las 17:05:05
Palabras de la Presidenta del Partido Socialista de Chile, Senadora Isabel Allende Bussi, en el acto de traslados de los restos del ex Secretario General del PS, ex Senador y ex Embajador en Venezuela, Aniceto Rodríguez Cisneros.

Con profunda emoción, les hago llegar estas palabras con motivo del traslado de los restos fúnebres de nuestro querido y recordado compañero Aniceto Rodríguez Arenas, al Cementerio General. Tal como te lo expresé personalmente, compromisos contraídos con anterioridad, en la Región del Maule, me impiden participar directamente en esta significativa ceremonia.

Al mirar nuestra historia, no podemos más que sentir orgullo por la enorme cantidad de hombres y mujeres, que han entregado su vida, de manera literal y metafórica, para engrandecer nuestra política e instituciones republicanas. Dentro de estos grandes políticos y demócratas socialistas, destaca con luz propia su figura. Su manera de comprender la actividad política, con respeto por el adversario, desprendimiento de legítimos intereses personales por intereses colectivos, con responsabilidad política prestigiaron al Partido Socialista ante sus más enconados adversarios.

Desde joven encontró en los ideales socialistas su inspiración, e ingresó a militar al Partido en 1937 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile; llegó a ser Secretario General de la FECH y de la Juventud Socialista. Tempranamente manifestó interés por el cambio social, una mirada popular de la política y un compromiso férreo con el fortalecimiento de la vida y organización partidaria, que en sus años como Secretario General del PS, que nuestra militancia le retribuyó con un enorme cariño y respeto.

En la década de 1940-1950, Aniceto Rodríguez, junto a Salvador Allende. Eugenio González Rojas, Raúl Ampuero y Salomón Corbalán, fueron  la generación de recambio de los fundadores del Partido. Ellos consideraron las ideas y valores sobre los que se había fundado el PS, transformándolos en una verdadera doctrina política, basada en una concepción democrática y humanista del socialismo, y rechazó el autoritarismo en todas sus formas.

Este ideal goza al día de hoy de total vigencia, lo que remarca el carácter visionario de esta generación, y la importancia de su reflexión política, desarrollo programático y sentido colectivo, valores y prácticas que se proyectan hasta 1970 con el triunfo de la Unidad Popular.

Como Diputado y luego como Senador del extremo sur de Chile entre 1953 y 1973, desempeñó un liderazgo partidario y político, que le fue reconocido ampliamente. Sus aportes a las leyes sociales y laborales que buscaban favorecer a los más pobres y marginados son de enorme relevancia para nuestra historia legislativa. Además, mostró un carácter visionario, ya que en 1961 presentó junto a otros senadores socialistas -entre ellos mi padre- un proyecto de nacionalización del cobre y de creación de la Empresa Nacional del Cobre.

En este contexto, Aniceto Rodríguez adquirió cada vez más importancia dentro del Partido Socialista, ocupando la Secretaría General de la colectividad en tres oportunidades, desde1965 hasta 1971. Su compromiso partidario fue inquebrantable, mostrando una fortaleza espiritual y responsabilidad política a toda prueba. Dos ejemplos lo retratan a cuerpo entero: el primero, su renuncia a la candidatura presidencial en 1970 al reconocer en Salvador Allende una preeminencia a dicho cargo por su trayectoria política, y dedicando  todo su esfuerzo en la campaña como generalísimo en Santiago. Un segundo ejemplo, fue la fortaleza mostrada luego de la derrota sufrida en el Congreso de La Serena en 1971, donde sus tesis gradualistas pierden frente a tesis rupturistas, ante lo cual mantiene la serenidad y el apoyo irrestricto al gobierno de la Unidad Popular.

Busco el diálogo y el acuerdo político con la Democracia Cristiana, para hacer viable una salida democrática y pacífica a la crisis. Su lealtad con el gobierno de la Unidad Popular la pagó con el confinamiento a la Isla Dawson, y posteriormente su exilio en Venezuela.

En Venezuela comienza su tenaz tarea para construir la convergencia entre el humanismo laico y cristiano. En 1975, reunió a importantes dirigentes de los partidos Socialista, Demócrata Cristiano, Radical e Izquierda Cristiana -todos proscritos por la dictadura- como Bernardo Leighton, Anselmo Sule, Gabriel Valdés, Sergio Bitar, entre otros. Sólo dos años después de una pugna tan intensa, él se entregaba de lleno a superar los desencuentros y rivalidades del pasado para construir con generosidad, la unidad de las fuerzas democráticas. El preámbulo de lo que será posteriormente la Concertación de Partidos por la Democracia.

Este liderazgo también lo ejerció en la renovación del socialismo y en las exhortaciones a la unidad, luego del difícil tránsito que significó la división del PS. En 1980, desde Caracas, en una reunión de dirigentes exiliados en distintos países de América Latina y Europa a revalidar la tesis histórica de su generación “la concepción humanista y el contenido democrático y libertario del socialismo, rechazando como meta histórica la dictadura del proletariado”. Un legado que permanece con nosotros.

Culmina su exilio en 1987, y al volver a Chile, se integra al Centro de Estudios Jurídicos y Constitucionales, conocido como el "Grupo de los 24", participando de manera activa como líder socialista, de manera activa en el Plebiscito de 1988, que llevó al fin de la dictadura.

A la vuelta a la democracia, durante el gobierno de Patricio Aylwin fue designado Embajador en Venezuela, país que lo adoptó como una segunda patria. Fue reconocido y querido por los venezolanos. Ex-presidentes, senadores, ministros, intelectuales y políticos lo tenían en alta estima.  Nuestro Cheto agradeció este cariño dejando parte de su familia, hijos y nietos en esta tierra, además de su vida, pues falleció en Venezuela en 1995 ejerciendo una destacada labor como embajador. El gobierno de Venezuela decretó duelo nacional por tres días, porque ellos, al igual que nosotros, lo sentían como propio.

Finalmente, quiero recordar el carácter profundamente humano de Aniceto Rodríguez. Los cariñosos encuentros en Caracas, junto a su familia, todavía los atesoro. Su humanidad y lealtad con el Partido inspira mi propio compromiso socialista por un futuro más justo, más igualitario, más libertario para nuestro país.

SENADORA ISABEL ALLENDE BUSSI
PRESIDENTA DEL PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE