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El Dolor Y La Tragedia Vivida En La Región De Atacama

Miercoles 08 de Abril de 2015 | Actualizado el 26/10/2017 a las 15:11:59
La Senadora de la Región de Atacama, Isabel Allende Bussi, intervino en la sesión especial sobre la catástrofe vivida en el norte, realizada el miércoles 8 de abril en la Sala de Sesiones del Senado, en Valparaíso.

INTERVENCIÓN DE LA SENADORA DE LA REGIÓN DE ATACAMA EN SESION ESPECIAL SOBRE LA CATÁSTROFE DEL NORTE, EN SALA DE SESIONES DEL SENADO


Quiero partir señalando que cuesta incluso expresarlo en palabras, el dolor y la impotencia por la tragedia vivida en el norte, particularmente en nuestra región de Atacama.

Creo que lo primero es agradecer la entereza de las muchas familias atacameñas, que a pesar del dolor y la tragedia, tienen fuerza, fe, y confianza que van a salir adelante y quieren levantarse.

Quiero agradecer también la colaboración desinteresada de cientos de particulares. También reconocer el aporte de las empresas privadas, que me parece justa, necesario y ético, porque ellos tienen proyectos en la región, y han extraido recursos por muchos años, y me parece lógico, además de necesario que compartan, como lo han hecho, con sus maquinarias pesadas ayudando a Vialidad.

Quiero agradecer el despliegue no solo de los cuerpos armados que vivimos del primer momento, sino también de bomberos, PDI, Carabineros, que los vimos trabajar desde el primer día. Y de todos y cada uno, -ya que desde el día martes hasta el día sábado en que permanecí en la región, lo que puedo testimoniar- a todos dispuestos a trabajar, sacrificando su sueño, sin dormir, y evidentemente las autoridades locales, desde el Intendente, el Alcalde y cada uno de los seremis, haciendo lo posible o lo imposible.

Aquí se explicó, y yo creo que es real, que la magnitud del desastre es tan grande, que como lo explicó el Ministro de Hacienda, y la cantidad de recursos que se requiere, por más de US$ 1.500 millones, es para que tomemos conciencia de la magnitud de lo sucedido, ya que si sumamos lo del incendio de Valparaíso y del terremoto del norte, este monto es mayor. Quizás eso nos da la magnitud de lo que se ha vivido y quiero que tomemos conciencia en este Senado de lo que esto significa para Tal Tal y particularmente para toda la Región de Atacama.

Quiero decir, además, que el mismo día miércoles teníamos al Ministro del interior, el Ministro de OOPP, el Ministro de Defensa, el Ministro de Economía, y así sucesivamente. Es decir, la presencia del gobierno fue desde el primer momento. Incluso, ese mismo día llegó la propia Presidenta Bachelet. Debo decir que la llegada de los ministros y la Presidenta no estuvo exenta de dificultades, por el nivel de torrente que circulaba. Y la Avenida de Los Carreras, que es justamente por donde se llega a la Intendencia, realmente era peligroso.

Destaco esto, porque creo que es importante que el Gobierno se haga presente desde el primer momento, y también quiero decir que desde el primer momento compartí la decisión sobre el decreto de excepcionalidad en la región. Y que el Teniente Coronel que estaba a cargo del Regimiento, asumiera; y es cierto que no habían tantos efectivos, e incluso ellos mismos estaban afectados, porque ellos viven allí, y particularmente al inicio, más bien realizaron una labor de orden y seguridad. Pero a partir de ello, se desplegaron y han realizado una labor que la ciudadanía necesitaba, verlos pala en manos ayudando a sacar el barro.

Vuelvo a destacar la visita de la Presidenta de la República, incluso en Chañaral -uno de los lugares más afectados-, donde además dialogó directamente con la gente.

Todos sabemos que en circunstancias como estas existe no solo dolor por las personas desaparecidas -hasta hoy muchas no se encuentran-sino también desesperación por la destrucción de todo lo levantado durante una vida entera. Esto lleva a una alteración psicológica muy fuerte y razonable. Por eso la gente reacciona a veces con cierto grado de violencia verbal. Pero ello simplemente se debe a la desesperación por la situación.

Creo que fue encomiable ver a la Presidenta dialogando con la gente, a pesar de que la conversación parecía a ratos áspera. Habla bien del liderazgo de la Primera Mandataria que se traslade a la zona y que dialogue con personas claramente no en condiciones de serenidad normal. Y, como expliqué, la reacción de éstas fue enteramente legítima.

Desde el primer momento traté de hacer una evaluación, dentro de las posibilidades, desde el COE, el Regimiento y la Intendencia. Un pequeño paréntesis: es cierto que nuestra Región no dispone de helicópteros. El regimiento rentó uno con capacidad -fuera del piloto- para dos personas. Este efectuó un primer sobrevuelo, mínimo, pues las nubes estaban bajas, y aunque no pudimos internarnos hacia Tierra Amarilla para ver la Quebrada Paipote, por lo menos pudimos visualizar el nivel de los daños. Y recuerdo que dije: “Parece una ciudad fluvial”, porque se apreciaba cómo corría el agua.

¡Parece increíble que una Región como la de Atacama no tenga helicópteros!

Por otro lado, la fibra óptica se cayó desde Copiapó hacia el norte; quedamos completamente incomunicados. O sea, un poco más allá de la ciudad no había manera alguna de comunicarse. Pero, además, dos grandes empresas vieron interrumpido su servicio: Claro y ENTEL. Solo Movistar lo pudo mantener al menos dentro de Copiapó. Entonces, el nivel de incomunicación era casi total.

En materia vial, no tuvimos una evaluación inmediata, porque era muy difícil. Hubo que empezar a hacerla, pero en forma simultánea con las labores de rescate aéreo de personas, pues no era posible de otra manera al no existir conexión.

En cuanto al rescate aéreo, puedo decir que la llegada de los helicópteros -me consta; me comuniqué con el Ministro de Defensa, quien respondió inmediatamente- fue sustantiva para sacar a la gente y salvarles la vida. ¡Esa es la realidad!

Aquí se recordó bien lo ocurrido en Alto del Carmen. Barrick tenía un helicóptero que ayudó muchísimo.

La verdad es que no disponemos de estos aparatos. Su arribo tomó cierto tiempo, aunque fue bastante rápido en general. No obstante, su labor fue indispensable.

Quiero abrir un paréntesis, pues en ese sentido -y lo reconozco- observé la mejor disposición. A mí me tocó personalmente la siguiente situación: de repente me llegó un mensaje por WhatsApp de una familia Colla, cuyos miembros estaban prácticamente a punto de ser arrastrados y de perder la vida. Pero como el mensaje me llegó en la noche, aunque realicé la gestión, fue imposible hacer algo.

Sin embargo, al otro día hablé a primera hora en el Regimiento con el oficial a cargo de los rescates aéreos, y debo señalar que en pocas horas después recibí otro WhatsApp de un hijo de ese matrimonio, cuya familia estaba compuesta por seis personas, en el cual me manifestaba su profundo agradecimiento, pues alcanzaron a ser rescatados.

Ahí, uno siente que aportó con pequeños granos de arena, pero ¡caramba que son importantes en la vida! Sobre todo, porque, luego de llegar al Regimiento y decirle al encargado del rescate aéreo: “Discúlpeme; tengo esta comunicación. ¡Por favor, hagan algo!”, pude apreciar que era escuchada, que se recogía el mensaje, y comprobar que eran capaces de movilizarse.

Espero guardar por bastante tiempo el mensaje de la familia Jerónimo, familia colla muy conocida, porque se trata de gente muy humilde, que gracias al medio que encontraron, a través de un tercero, pudieron comunicarse conmigo.

Por eso, quiero destacar que se trató de hacer lo más posible. Pero debemos reconocer que eso es muy difícil por la geografía de nuestra región, como en el caso de Alto del Carmen, que tiene dos valles, gran cantidad de quebradas y caminos normalmente de muy difícil acceso, así que imagínense la situación en estas condiciones. Obviamente que las personas de esa comuna quedaron por completo aisladas, y lamentamos muchísimo las pérdidas sufridas.

En localidades como El Salado, que prácticamente desapareció por completo, y en comunas como Chañaral, Diego de Almagro, lo ocurrido es tremendamente doloroso.

Creo que hoy día las provincias de Chañaral y de Copiapó, sin dejar de lado, por supuesto, la realidad de Alto del Carmen, son las que materialmente han resultado más afectadas, y que el drama de los desaparecidos, de las personas muertas ya identificadas y de los que lo han perdido todo, es inconmensurable.

Realmente, cuando observo las calles de Copiapó, que tuvieron que soportar el paso de toneladas de metros cúbicos de agua, sedimentos y lodo, como ríos turbulentos, llevándose todo lo que encontraban en su camino, la verdad es que no puedo sino sentirme profundamente conmovida.

Sin embargo, eso debe llevarnos a pensar, además, en la necesidad de sacar lecciones evidentes.

De otro lado, quiero dar fe de lo señalado por el Senador Prokurica al comienzo de su intervención. Me consta que al inicio de la catástrofe hubo mucho ánimo de hacernos caer en polémicas, a mi juicio, completamente arbitrarias y absurdas, en cuanto a si meteorología había dicho A, la ONEMI, B; o a si se había reaccionado a tiempo o no.

Yo recibí llamados de radios nacionales, como Bio Bio o Cooperativa, y les dije: “Me niego a entrar en una polémica de estas características, absolutamente estéril en este instante, en que tenemos gente desaparecida, personas por rescatar, y cuando todavía estamos en plena emergencia. Ya llegará el minuto para evaluar con más serenidad en qué condiciones trabajó la ONEMI, si alguna vez tendrá más autonomía, si contará con mayores recursos, con mejores condiciones”.

Instalar ese tipo de polémica en tal momento, a mí por lo menos me pareció completamente de más. Nos encontrábamos ante una cuestión no menor.

Aquí hay que separar: una cosa es la emergencia, que todavía se halla presente en la zona, a la que acudió el Gobierno, con sus Ministros, a la que volvió la Presidenta, incluso en días pasados; y otra es la reconstrucción propiamente tal.

Y créanme que, por desgracia, nunca vamos a dar cien por ciento de satisfacción en la emergencia. Siempre habrá gente a la cual no podremos llegar en cierto tiempo.

Pero debemos ser capaces como Gobierno, como país, como Región, de concretar esa cruzada nacional; y luego ser capaces de iniciar con los recursos disponibles la reconstrucción en el mediano plazo.

Tenemos poblaciones completas, como Llanos de Ollantay, Paipote Viejo, Pintores de Chile; sectores residenciales de Tierra Amarilla; la parte alta del valle del río Copiapó, que muestran un tremendo nivel de destrucción y que todavía no se encuentran despejados.

Localidades como Los Loros, Nantoco, San Antonio; y las ubicadas en el Valle El Carmen, como Retamo, El Tambo, Cerro Blanco, Pedregal, en fin, perdieron prácticamente toda su infraestructura y sus predios agrícolas, como aquí se recordó.

Son demasiados los habitantes de Atacama que han perdido todos sus enseres; algunos perdieron sus casas completas, como aquí se ha señalado; o sus viviendas quedaron con un nivel de daños tal que las hace prácticamente imposibles de habitar, o se encuentran con metro y medio de barro, lo cual les tomará varios días despejar.

Sin embargo, me parecen muy positivas las alternativas entregadas por el Ministro del Interior en términos de viviendas. No será tan sencillo ni fácil encontrarlas. Pero al menos se le está dando posibilidades a la gente: tendrán que decidir si salen de los albergues; si se van a la casa de un familiar, con la subvención correspondiente; o si postulan a una casa de emergencia, en un plazo un poco mayor. En definitiva, esa es la forma en que debemos reaccionar.

Me reuní con el Subsecretario de Desarrollo Regional y Administrativo ese mismo viernes en la noche, y es real la entrega de más de 7 mil millones de pesos, en forma directa, para que cada comuna sea capaz de decidir cuántos vehículos y maquinaria necesita arrendar urgente para efectuar los trabajos necesarios.

El Gobierno ha hecho bastante en ese sentido, porque no todo lo entregado por privados ha sido gratuito. Ha habido, por supuesto, gente que ha arrendado gran cantidad de maquinaria.

Por eso le decía al Ministro: “Ojalá hubieran puesto un logo, pues la gente piensa que es la empresa privada -que ha contribuido mucho- la de los aportes, cuando en realidad corresponden al Gobierno”. Claro, como no aparece el logo, pareciera que no está presente, lo que resulta muy injusto.

Debo reconocer acá que los medios de comunicación, sobre todo nuestras radios, cumplieron un rol muy importante: ayudaron a que las personas se reencontraran; dieron noticias, que mantuvieron las comunicaciones al día. Pero también es cierto que a veces entrevistaban a la gente que claramente todavía no veía satisfechas sus necesidades con la ayuda entregada en la emergencia, y colaboraban a crear una visión tremendamente negativa. Ello me parece injusto, porque se está haciendo un tremendo esfuerzo.

Se ha dicho que no pudimos responder con toda la rapidez que hubiésemos querido. Sin embargo, yo pregunto en la Sala si la magnitud del desastre, que hoy día se evalúa en 1.500 millones de dólares, le hubiese permitido al Gobierno del signo que fuere responder como país con mayor prontitud.

Por otro lado, tenemos escuelas con problemas, porque a sus profesores se les inundaron sus casas, o porque sus baños no están en buenas condiciones.

La Universidad de Atacama -ayer hablé con el Ministro de Educación y le pedí especial atención al respecto-, en cuyo patrimonio se incluye un monumento nacional, también se encuentra con dificultades.

En cuanto al Hospital de Atacama -a mi lado se haya el Diputado Robles, doctor, con quien estaba conversando-, tengo una diferencia con mi colega Prokurica en el sentido de que, a mi juicio, no era necesaria la instalación de un hospital de campaña. Pero sí estimo que hubo una buena coordinación -eso estuvo bien-, al haberse inundado el primer piso y el sótano de dicho recinto, con la Clínica Atacama.

Ahora, ¿por qué es importante el Hospital de Atacama? Porque es el único que reúne la infraestructura sanitaria que se requiere para estos casos.

Así que ¡ojo con lo que viene!, pues cuando empiece el invierno, más el polvo que hoy día se respira, las enfermedades respiratorias van a requerir particular atención. Por lo tanto, ¡cuidado con dicho recinto hospitalario! Solo de él se dispone en la capital regional, y vamos a necesitar darle mucho apoyo.

Edificios completos de nuestros servicios públicos quedaron inutilizados, como el de SERNAGEOMIN, que era una construcción patrimonial, entre muchos otros más.

¡Nuestros funcionarios públicos! Le señalé al Ministro: “Ojalá se adelante el pago del bono aprobado para los empleados públicos”. Se pagó el de marzo; el que corresponde a abril podría adelantarse y pagarse completo. Paguemos ahora tal beneficio, porque es ahora cuando la gente lo necesita.

A mi juicio, es positiva la medida que ha anunciado la Presidenta de la República, relativa a otorgar un millón de pesos para los damnificados, más un aporte extra para la compra de enseres.

También agradezco la preocupación de la ENAMI al dar facilidades para reactivar el sector minero. No olvidemos que la Región de Atacama -además de la agricultura- es, fundamentalmente, pequeña minería, y esta actividad entrega 4 mil puestos de trabajo directos. Por eso es fundamental disponer de las medidas de apoyo que hoy se empiezan a ofrecer.

Por eso es fundamental realizar el catastro respectivo. Por eso es fundamental habilitar los caminos. Por eso es fundamental reactivar la minería, pues ésta sí asegura una buena cantidad de trabajo. Y lo mismo ocurre con nuestra agricultura.

Finalmente, señor Presidente, reitero mi preocupación en el ámbito de la salud: ¡alerta con lo que viene en materia sanitaria! Ya habrá tiempo para sacar las lecciones del caso.

Por de pronto, nunca más podremos construir sin defensas fluviales ni en las quebradas, aunque me digan que hace 80 o 100 años que no ocurría una catástrofe como esta. Muchas gracias.